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El placer del surfero

Hace unos pocos días, en el norte de Chile, entre las ciudades de Arica, casi fronteriza con Perú, e Iquique, se ha producido un terremoto de 8,2 y una réplica importante posterior de 7,4, además de varias decenas de más de 5,0. Ambos terremotos se esperaban, sobre todo el grande, donde los sismólogos llevaban anunciando que se produciría desde el que aconteció el 27 de febrero de 2010, que hizo temblar el centro del país, incluida su enorme capital, Santiago.

Entre ambos terremotos ha pasado poco más de cuatro años, tiempo suficiente para que el país y sobre todo sus autoridades supieran actuar con las medidas oportunas para que las desgracias personales no fueran tan dramáticas como en el ocurrido en 2010.

Ya hablé sobre lo preparado que se encuentra Chile frente a estos eventos geológicos que desde siempre han hecho moverse el suelo que pisan de forma ocasional. A veces solo son un movimiento sexy, como bien apuntó una vez un veterano geólogo chileno con el que tengo el gusto de trabajar. El miedo llega con los grandes y que no te pille en una planta alta.

Como diferencia principal entre 2010 y 2014 ha sido los niveles de alerta por tsunami. En 2010, aún con la memoria reciente por el tsunami que arrasó Sumatra en la Navidad de 2004, la red de alerta sísmica del Pacífico se empezó a incrementar a todos los países que comparten sus costas con el mayor océano del planeta, pero en Chile algo fallo.

El terremoto con epicentro cerca de la ciudad Concepción, pilló a muchos chilenos en la cama, otros tantos disfrutando de una noche entre amigos de una madrugada de sábado en las postrimerías del verano austral. Su magnitud fue de 8,8 y Santiago se despertó alterada. El frente de ondas llegó del sur, chocó con la base de la cordillera de los Andes y regresó, produciendo un movimiento circular en el terreno. Largos segundos, eternos. Todo el mundo queriendo que aquello parara. Y paró. Se acabó en tierra. Ahora solo había que saber si los nuestros estaban bien. Evaluar si el jarrón de la suegra al fin se había hecho añicos en el suelo o si los cuadros seguían colgados en la pared.

A unos cientos de kilómetros de allí, otros chilenos no sabían lo que había pasado. Se trataba de los habitantes del Archipiélago de Juan Fernández, donde está la isla de Robinsón Crusoe. Nadie les avisó de que el terremoto había producido un tsunami y que se aproximaba veloz a sus costas y a sus casas. Era de noche y nadie estaba alerta sobre el mar.

Las sirenas no sonaron y una niña, la hija de un carabinero, la policía del Juan_fernandezpaís, alerto tocando una sirena de un megáfono y con esa acción tan pequeña logró salvar la vida de muchos de sus paisanos, pero más de 500 personas no tuvieron la misma suerte y perecieron.

En 2014 las cosas han cambiado. Las sirenas sonaron a lo largo de toda la costa chilena. 5.300 Km desde Arica a Puerto Williams y las islas de Juan Fernández, que hacían un llamamiento a la población para que abandonaran las costas y fueran a lugares elevados. Hasta el parlamento, situado en la ciudad portuaria de Valparaiso, evacuó a todos los diputados que en aquel momento se encontraban en sesión, una de las primeras de la nueva legislatura.

Las cosas se aprendieron bien. La población reaccionó tanto por las medidas como el miedo que supone el recuerdo de lo ya vivido. Solo seis personas murieron, la mayor parte por paros cardiacos.

tsunamiTodo esto me ha servido como introducción para explicar qué es lo que produce un tsunami. Esta palabra viene del japonés y se puede traducir algo así como ola de la bahía o del puerto, aunque también se puede llamar maremoto, nada que ver con la creencia de que un terremoto en el mar es un maremoto. Un terremoto en el mar sigue siendo un terremoto, pero que puede causar un maremoto.

Un tsunami es una ola que no es producida por la acción del viento, que es como se forman normalmente, sino por un evento puntual que provoca un desplazamientos brusco de una gran masa de agua cuya principal causa suele ser un terremoto.

Al producirse el terremoto en un punto cuyo epicentro es corteza oceánica, provoca que la mayor liberación de energía sea en esta zona, con movimiento de las fallas inversas de estas zonas de subducción. Esto hace que la masa de agua que cubre la corteza se desplace con ella, pero no subduzca, lo que provoca un alzamiento de las aguas en un punto determinado que es el punto de inicio del tsunami.

Con terremotos pequeños, hay desplazamientos pequeños y por lo tanto tsunamis pequeños. Pero en este caso la energía descargada fue mayor y la posibilidad de tsunami era real. El primer rasgo para determinar la llegada de un tsunami no es que los animales huyan, sino que el mar se contrae. Las playas aumentan su extensión rápidamente debido al desplazamiento del frente de onda que actúa succionando el agua con mayor ímpetu a medida que se aproxima a zonas donde la profundidad del suelo oceánico es cada vez más pequeña, ya que necesita rellenar el hueco dejado en su aproximación y al existir un menor volumen de agua necesita traerla de zonas más alejadas. Esto es lo que hace que los tsunamis sean tan destructivos, ya que al llegar a un punto donde no hay más agua que tomar, el agua arrastrada por la ola se debe liberar creando un torrente que corre a gran velocidad y con una energía tremenda.

Pero no todos los terremotos localizados en el mar provocan tsunamis. Si el terremoto produce el deslizamiento de una falla transgresiva, como la falla de San Andrés, es probable que no se produzca un tsunami. Pero también no todos los tsunamis son producidos directamente por terremotos. Otros eventos pueden provocarlos, como son derrumbamientos de laderas con gran desplazamiento de material, una erupción explosiva como fue el Krakatoa o Santorini (Mediterraneo) y muy circunstancial la caída de un meteorito en el mar.

Sea cual sea la causa los tsunamis son peligrosos y bien los saben los creadores de la palabra, cuyos puertos se encuentran preparados para estas olas que pueden llegar a ser más devastadoras que Godzilla a su llegada a Tokio. Por lo que si estáis en la costa, se produce un fuerte terremoto, no lo penséis dos veces, corre a zonas elevadas.

Terremotos y su precaución en construcción.

Hace algo más de una semana, el pasado 31 de marzo, sentía por primera vez un terremoto. Fue un temblor en el centro de Chile a unos 216 Km de Santiago, donde me encontraba. Las sensaciones fueron encontradas. Por una parte excitación por lo que está sucediendo en esos segundos, y que he de confesar que deseaba sentir desde hacía años. Por otro lado, tras unos instantes en los que el movimiento no cesa, de incredulidad al no poder controlar una situación como aquella y no saber qué hacer para no parecer idiota. ¿Me meto debajo de una mesa? ¿Me coloco bajo el marco de una puerta? ¿Salgo de casa y me quedo en la calle?

Por fortuna no pasó nada. No se rompió ningún cristal ni se cayó nada al suelo. Solo se movieron las cosas y un poco de nerviosismo que desaparecía progresivamente. Tras unos minutos supe que el terremoto estaba cuantificado en 7.4 grados según la escala Richter (finalmente fue de 7.1) y de inmediato, como español y geólogo, vino a mi memoria los terremotos de Lorca del año 2011.

En aquella ocasión los temblores fueron muy inferiores al registrado en Chile, con una intensidad de 4.5 y 5.1, pero con un hipocentro muy superficial, a tan solo 2 Km. de la superficie y muy cercano a la villa murciana, lo que multiplicó su efecto destructivo.

Haciendo una comparativa entre ambos sucesos, el saldo que se cobró la tierra fue bastante dispar a uno y otro lado. En Chile, tan solo se contabilizó una víctima mortal, por un ataque al corazón, y tres heridos de poca consideración. En España fueron 9 muertos y 324 heridos. En cuanto a daños, apenas se registraron en el territorio chileno, habiéndose producido más sobre reformas debidas a los daños del terremoto del 27 de febrero de 2010 (8.5 grados) que sobre construcciones anteriores. En Lorca tan solo colapsó una vivienda durante el segundo temblor y algunos edificios históricos, aunque la caída de escombros (causantes de las muertes) fue intensa y las evaluaciones posteriores obligaron al derribo de muchas viviendas dañadas estructuralmente.

Si bien se trata de dos países bien diferentes, hay aspectos que resultan necesarios explicar. Chile es un país nacido y criado con los terremotos. Los chilenos ven con sorpresa que uno no haya vivido nunca un terremoto con anterioridad y sienten con naturalidad que la tierra se mueva “como siempre”. Las edificaciones han tenido un proceso evolutivo natural a la lógica. Desde que los españoles llegamos a estas tierras, son muchas las veces documentadas en las que han tenido que volver a construir ciudades después de fuertes temblores y que otra se abandonaran,  y los conocimientos científicos propiciaron la construcción segura frente a estos impredecibles movimientos, con zapatas de hasta dos metros en edificios de poca altura, algo muy exagerado, pero preventivo ante el desconocimiento. La ley de construcción frente a riesgos sísmicos es ejemplar y cumplida a rajatabla por las constructoras, que encargan concienzudos estudios del terreno para levantar edificios de grandes alturas, algo que sorprende al pasar por las zonas más desarrolladas de la ciudad, con moles de más de 20 plantas y con su punto culminante en la torre Santiago, el edifico más alto construido en Latinoamérica con más de 300 m de altura.

Si bien España no tiene una historia sísmica tan importante a la chilena, si existe un registro histórico que atestigua sobre terremotos de importante intensidad. Tal vez el más popular es el terremoto de Lisboa de 1755, y su posterior tsunami, del que existe un registro visible en España con un ejemplo claro en Coria (Cáceres) tanto en su catedral, con grietas desde su base hasta la parte superior del edificio, como en el traslado del cauce del rio Alagón unos cuantos metros al sur.

El plano de riesgos sísmicos español está anticuado y a pesar de las diferentes veces que se ha indicado por parte de los geólogos  no parece que exista mucho movimiento respecto a este aspecto tan importante a la hora de construir un edificio. Por otro lado, la normativa actual de construcción estima oportuna la obligatoriedad de realización de estudios geotécnicos para la construcción de cualquier tipo de edificio, incluida esta regulación dentro del Código Técnico de la Edificación (CTE), pero que no parecieron ser muy utilizados a todas luces de lo ocurrido en Lorca, donde la mayor parte de los edificios de nueva construcción (posteriores a 2003) se vieron mucho más afectados que los antiguos. Desconozco si en parte puede estar relacionado por la geología particular de la zona (donde se asienten uno u otro edificio), pero hace pensar en diferentes responsables de lo ocurrido y una celeridad precipitada en la construcción

Como ejemplo, en Chile, por la caída de un falso techo en un centro comercial, se impusieron sanciones. En España no se impusieron ningún tipo de sanción ni existen reformas adecuadas en este sentido. Incluso ahora no es necesario realizar el visado de los estudios geotécnicos, con la consecuente pillería que esto puede llevar y la pérdida de calidad en este tipo de servicios.

Son dos países bien distintos, con condiciones de vida diferentes y a los que se puede calificar como más o menos desarrollados, con más o menos energía para trabajar en determinados asuntos, pero que en temas sensibles, como es la construcción de viviendas seguras, vienen a tener planteamientos diferentes y seriedades algo contrapuestas que tal vez deban ser revisadas.