Archivo mensual: junio 2012

Los siete minutos de terror

Aún un humano no puede llegar a Marte y por ello se envían sondas al planeta para estudiarlo en terreno. Pero que lleguen sanas y salvas no depende solo de un viaje largo sino de un aterrizaje perfecto. En este video se muestra como el próximo robot que llegará al planeta alcanzará (esperemos) su superficie el 5 de agosto de 2012. Está en inglés, pero resulta sumamente gráfico.

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La Tierra en el lugar oportuno

Hace 4500 millones la Tierra se debió de sentir aliviada. Los impactos en su superficie se redujeron considerablemente y era una buena oportunidad para restablecerse del choque con Theia que había dejando como recuerdo a la Luna girando alrededor de ella. El Sol se veía lejano, calentándola con la escasa radiación de una estrella aún demasiado joven y se encontraba en un barrio con pocos, extraños y distantes vecinos.

En ese momento la Tierra era completamente diferente a la que podemos ver actualmente. Incluso eliminando toda la presencia de vida resultaría muy diferente a la que se estabilizo hace 4500 millones de años.

En su interior el material fundido se ordenaba y formaba un núcleo de hierro que empezó a girara y que daría origen al campo magnético que protege al planeta de la mayor parte de la radiación que llegaba desde el Sol. A su alrededor se formó un manto que comenzaba a dar los primeros pasos para empezar a moverse y producirse los ciclos convección que fracturarían la corteza del planeta.

La superficie era de roca solida, a buen seguro como la Luna, formada por basaltos negros e irregulares, con impactos esporádicos de planetésimos que permitían la salida de gases y creaba cicatrices perdurables por muchos años ante una geología aún no demasiado activa.

Cuando el manto pudo forzar a la rotura de la superficie comenzó una nueva evolución en el planeta. Gases se liberaban del interior y se produjeron los primeros volcanes del planeta. La atmósfera comienza a nacer en el planeta, que por su tamaño podía albergarla. La condensación de las moléculas formó charcos que dieron lugar a mares y luego a océanos que inundaban la primitiva Tierra, un planeta en medio del oscuro espacio e iluminado por un Sol que con una intensidad menor a la que posee ahora.

Pudo perderse todo esa agua, pero el CO2 y el metano, esos compuestos contra los que luchamos ahora por su efecto invernadero, beneficiaron al planeta para que el agua se estabilizara en su forma líquida por su capacidad para retener la radiación en forma de calor a la vez que el campo magnético se formalizaba hace 3500 millones de años y evitaba que el viento solar se llevara la atmosfera.

Aquella roca incandescente vagando alrededor del Sol, vio que se encontraba a una distancia lo suficientemente larga y lo afortunadamente corta como para recibir una cantidad de radiación de la estrella suficiente para tener una temperatura que no congelara las moléculas de un líquido tan extraño como el agua.

Los gases, la gravedad del planeta y un poderoso campo magnético, permitieron la creación de una atmosfera de gases invernaderos, que aumentaron la temperatura.

El manto se formó y empezó a vivir. Se movía con pasión y luchaba por tratar de salir de la cárcel que suponía la corteza. La presión era tal que la corteza tuvo que sucumbir. Nacía la dinámica de placas y Wilson daría nombre a su evolución millones de años después.

En estas condiciones el planeta se encontraba listo para poder albergar algo nuevo: vida. Para eso necesitarían pasar unos cuantos millones de años.

Geología e historia: arqueosismología

Hace unos días abrí el periódico y una noticia me trajo a la memoria una rama científica que descubrí hace un par de años. La noticia era que unos científicos habían determinado la fecha exacta de la muerte de Jesucristo teniendo en cuenta los registros geológicos de un terremoto fechado en aquella época, el calendario hebreo y acontecimientos astronómicos.

No es algo nuevo para la geología que se determine la fecha aproximada de eventos geológicos, principalmente la de terremotos de gran magnitud que quedan marcados en la memoria histórica de los pueblos y en los escritos de sabios que los sintieron o bien transcribieron las declaraciones de los habitantes de la zona afectada. Tal vez la más famosa descripción de un evento geológico no corresponda a un terremoto sino a una erupción, la del monte Vesubio en el año 79 d.C. por parte de Plinio el joven, la cual sepulto las ciudades romanas de Pompeya y Herculiano.

Pero de lo que quiero hablar es de la arqueosismología, una rama que junta la geología, con la sísmica, y la historia, con el estudio de antiguas poblaciones.

Los terremotos ocasionan trastornos tanto en el terreno como en los edificios que se encuentran en su camino. Si el terremoto tiene la suficiente energía para producir deformaciones, pero no para colapsar algunas estructuras, estas pueden quedar registrando el sismo a lo largo del tiempo, si no se producen alteraciones humanas posteriores como reconstrucciones o restauraciones.

Las marcas que los terremotos pueden dejar se pueden clasificar en dos tipos. Unas son marcas cosísmicas que producen una alteración tanto en el terreno como en las estructuras, como son el caso de fracturas que desplazan tanto al terreno y como a un mosaico, por ejemplo. El segundo tipo de marcas son aquellas que solo afectan a las estructuras, como son la caída de columnas marcando el sentido contrario a la de la onda sísmica o la deformación de una calzada por el paso de la onda.

El estudio y desarrollo de esta rama científica radica en la previsión de planes de riesgos sísmicos en el momento actual. El registro sísmico de cualquier parte del mundo está limitado a unas pocas décadas en el pasado. En zonas donde existe una alta sismicidad los mapas de riesgos geológicos tienen una amplia información sobre cuáles son los puntos donde existe un mayor riesgo en el momento en el que ocurra un terremoto de gran magnitud. La frecuencia permite realizar planes para que los edificios se construyan de forma segura y la población sepa que hacer en el momento adecuado.

En aquellas zonas donde la frecuencia de terremotos de gran magnitud es baja es necesario bucear en el registro histórico. Al no existir hay que bucear más y es necesario recurrir a la historia. En países como España esto es absolutamente necesario. Los terremotos que se producen de forma habitual rondan los 2 grados de magnitud Richter, y que suceda uno de grado 5 es un acontecimiento que puede tener consecuencias terribles, como en Lorca en 2011. Pero la historia nos dice que ha habido terremotos grandes. Los lisboetas lo saben bien con el ocurrido en 1755 y que afecto a buena parte de España Por ello es necesario que se estudie la historia y la arqueosísmica para que se realicen planes que tengan en cuenta frecuencias a largo plazo.

Pero ante todo debemos tener cautela. La arqueosismología es una rama joven, incipiente y que necesita de la participación de un grupo de personas de diferente ramas que aúnen sus conocimientos y esfuerzos para hacer de esta nueva fuente de conocimientos algo fiable. Incluso la UNESCO, sección de la ONU que se esfuerza por la conservación del patrimonio mundial, lo recuerda y ve con buenos ojos el desarrollo de la arqueosismología.