Un deporte geológico

Hay cientos, miles de deportes y juegos diferentes. Unos necesitan un tablero, otros una cancha para jugar o un gran espacio de hierba. Los hay que necesitan una montaña o nieve para deslizarse sobre ella. O tal vez hielo.

Más allá de que muchos hayamos podido jugar a lanzarnos piedras unos a otros, siendo niños, que muchos mayores siguen haciéndolo, pero de un modo más tecnológico, eso no se considera un deporte geológico, aunque la dura geología se encuentre entre medias, por lo que no voy a hablar de este juego sino del curling.

curlingRecientemente han finalizado los juegos olímpicos de Sochi 2014 en la que uno de los deportes integrantes del programa es el curling, un deporte con un nombre algo gracioso, todo hay que decirlo, y con la gracia de ver desesperados a sus participantes, tratando de limpiar el hielo delante de la piedra que se desliza hacia su objetivo. Muchos estudiantes deben de pensar al verlos que ojala se pasaran por su habitación un día de estos.

El curling en si es un deporte con reglas básicas. Cualquiera que conozca la petanca le encontrará la similitud al primer vistazo de uno de los sets que componen el juego. En este deporte no hay un boliche que sirva como objetivo circunstancial sino una diana pintada en el hielo que los participantes se afanan en conseguir que quede lo más cercana al centro y tratando de eliminar las de sus contrincantes. Las escobas, como ya se vio en un capítulo de los Simpsons, sirven para mejorar el deslizamiento de la piedra y hacer que llegue hasta la mejor posición.

Curling piedraLa geología en el curling no entra ni por el hielo ni por las escobas sino por las piedras, el elemento principal. Cualquiera que se haya fijado un poco en ellas se habrá dado cuenta de que están hechas de granito, pero nuestra vista no llegará a distinguir mucho más. Ni siquiera que realmente no es un granito sino dos. Uno forma la parte superior e inferior de la piedra y el segundo la capa central.

¿Entonces cualquier granito debería de servir? Inicialmente se podría pensar que sí, pero hay variables que entran en juego.

Como se trata de un deporte se busca que sea competitivo, pero justo, por lo que las rocas utilizadas deben ser lo más homogéneas posibles en un gran volumen. A fin de cuentas cada una de las piedras utilizadas pesan más de veinte kilogramos y pequeños defectos podrían afectar al desarrollo del juego. Por lo tanto un granito porfídico no sirve.

Las piedras se deslizan sobre hielo, que no es otra cosa que agua congelada, por si no se sabía. Al frotar con las escobas por delante de las piedras lo que se está haciendo es que el hielo se descongele y forme una pequeña capa de agua haciendo que la fricción sea mucho más sencilla y la piedra se deslice con facilidad. Algo similar a cuando un coche trata de frenar en una carretera mojada y que se deslizará a pesar de pisar el pedal al fondo. Agua significa líquido y las piedras tienen poros que adsorben este líquido. Cuanto más porosa mayor absorción y más agua en los poros que rápidamente se congelaran, creando pequeñas imperfecciones en la roca y reduce su vida útil. Por lo tanto se descarta también las rocas muy porosas, como calizas o areniscas, y algunos tipos de granitos.

Las piedras también deben ser talladas y no se puede utilizar materiales excesivamente duros como por ejemplo doleritas, que son muy homogéneas en general y con una absorción de agua baja, pero con una extraordinaria dureza. Pero tampoco excesivamente blandas, capaces de astillarse o fracturarse con el impacto de otra piedra.

Ailsa CraigPero a pesar del material hay un cuarto factor determinante: la tradición. Para este deporte nacido en los lagos Escoceses, la tradición es importante y un alto porcentaje de las piedras que se utilizan en este deporte y las que se utilizan exclusivamente en las Olimpiadas, proceden de una isla en Escocia conocida como Ailsa Craig.

Esta pequeña isla es un gran batolito granítico, formado hace 60 millones, siendo una intrusión en sedimentos de edad Permo-Triásica (250 millones de años), en la que se ve la influencia de diques terciarios de dolerita, datados en 58,5 millones de años, y que por la erosión posterior de la capa de sedimentos (mucho más endeble) quedó expuesta a la superficie. La roca granítica forma pilares verticales, de un microgranito que tuvo un enfriamiento rápido que facilitó la formación de estos pilares visibles en la cara suroeste de la isla.

De este gran batolito se sacan las dos variedades utilizadas en la piedra, siendo la más valorada la Blue Hone, un microgranito con Riebekita (anfíbol), con una coloración azulada y una capacidad de absorción de agua mínima y muy homogénea en todo su volumen, lo que las hace las preferidas de los jugadores de curling. “No existen piedras que giren como las de Ailsa Craig” ha declarado Erika Brown, capitana del equipo femenino de curling de EEUU, refiriéndose en concreto a la Blue Hone, que es la que hace contacto con el hielo y la parte superior.

La otra variedad es Ailsa Craig Common Green que es similar a la Blue Hone, pero de una calidad algo inferior y que es utilizada en la parte central de la piedra, zona que recibirá los impactos de otras piedras sobre ella. Esta roca es capaz de absorberlos con facilidad y no astillarse.

Pero Ailsa Craig es una zona protegida y la extracción de roca muy limitada. La titularidad de la extracción la tiene en exclusiva una empresa Escocesa, que en la última recolección obtuvo material suficiente para seguir en funcionamiento hasta 2020. Esta exclusividad provocó que la empresa canadiense que también fabrica piedras para el curling se viese obligada a buscar otra variedad para fabricarlas.

Su búsqueda se detuvo en Trefor, una localidad del noroeste de Gales donde existe una cantera de granito de la que se extrae el material para hacer las piedras de curling en Canada. Estas piedras se diferencias de las primeras por ser piezas únicas, de un mismo material, solo cambiando su acabado superficial, mucho más rugoso en la zona intermedia lo que hace que aumente su durabilidad.

La roca extraída en Trefor es más dura que la de Ailsa Craig, con la gran desventaja de ser más porosa y deslizarse algo peor en el hielo. El precio también marca la diferencia.

Tal vez no haya muchos geólogos que practiquen curling, pero siempre nos quedara tomar una roca mirarla y preparar el brazo para a) lanzarla contra una piedra o b) meterla en el bolsillo y llevárnosla como muestra. Eso también se podría denominar deporte.

Este post participa en el VI Carnaval de geología

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2 Respuestas a “Un deporte geológico

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