Archivo mensual: julio 2014

La pesadilla de las vacaciones

Llega el momento de tomarse un descanso y de forma inevitable hay que decidir dónde ir. Playa, montaña, ciudades monumentales o el descanso en el refugio familiar. Todas son posibilidades que nos sirve para desconectar, porque para descansar están los días de diario. No sería la primera vez en el que se vuelve más cansado de unas vacaciones que como se fue.

El problema es cuando en la ecuación de unas vacaciones entra un geólogo. En ese momento las posibilidades y las pesadillas para los que lo acompañan se multiplican. Comencemos el viaje del terror.

montaña palentinaSi se decide ir a la montaña lo más probable es que el geólogo busque de inmediato toda la información de la geología cercana. En apenas una semana es posible que sea capaz de componer un trabajo de unas cincuenta páginas sobre la tectónica local, la orogenia que formó el relieve y las edades de las rocas. Sin duda podrá hablar de los ambientes y de los fósiles contenidos en los estratos sedimentarios, lo que puede suponer un dolor de cabeza para sus acompañantes.

No me quiero imaginar la sorpresa que podría suponer el hecho de que cuando se esté deshaciendo la maleta aparezca un mango seguido del extremo de un martillo. Incluso en uno de los bolsillos laterales haya una brújula escondida.

Las miradas de extrañeza en la casa rural se volverán en gritos en la lejanía, cuando el geólogo se retrase en una ruta para admirar una estratificación cruzada, unos micropliegues o el contacto neto entre estratos mientras el resto quiere seguir adelante, porque pronto se hará de noche y quedan un par de horas para llegar al pueblo.

Tal vez a la playa (solo tal vez) el martillo no haga acto de presencia entreAcantilado las toallas y los bañadores, pero el temor que puede surgir al llegar a la costa puede ser increíble.

Colocamos pulcramente la toalla en la arena, para que ni un grano la traspase. Nos quitamos las chanclas, dejamos al aire nuestra piel y nos embadurnamos de crema hasta parecer un copo de nieve. Pero ahí está el geólogo, jugando con la arena entre sus manos, pasándola de una a otra, dejándola caer como si fueran cascadas de agua escurriéndose entre sus dedos. Cuarzo, dirá en algún momento, fragmentos de conchas, continuará en su descripción.

Alguien, un iluso, le dirá que es solo arena. El geólogo levantará la cabeza lo mirará, inclinará ligeramente el cuello produciendo un chasquido y abrirá la boca: es una arena media, de cuarzo y feldespato, con fragmentos de gasterópodos y ostrácodos, con buen sorting y forma esférica.

BujacoNo os preocupéis, no le ha dado una insolación y nunca, y cuando digo nunca es nunca, lo llevéis a la orilla. Un geólogo es peor que un gremling al lado del agua. Puede que encuentre una concha y en menos de diez segundos os pueda hacer un trabajo postdoctoral sobre las relaciones morfológicas de las marcas superficiales y los ataques de depredadores, componiendo un gráfico, dibujado en la arena, en el que se muestra el aspecto bimodal entre ataques químicos y por dientes de mamíferos marinos.

La ciudad, diréis. Asfalto y cemento, coches y ni un solo animal a la vista, salvo perros, gorriones y algún alce despistado (si no preguntad a los canadienses). Pero en lugar de contemplar la historia del lugar, verá los fósiles escondidos en la escalinata del museo, los fenocristales del granito de esa puerta imperial, admirará lo iguales que son los granos de esa arenisca que forma lazos en la columna de un claustro y seguramente tendréis que dar más de una explicación a un guardia porque vuestro amigo está haciendo fotos a una zona protegida, cuando en realidad lo que está haciendo es tomar una imagen de una riolita con marcas traquíticas.

Podéis pensar que lo mejor es encerarlo en el hotel y disfrutar de unas vacaciones tranquilas, pero cuando estéis por la montaña, caminéis por la orilla o disfrutéis de una cerveza en una terraza de la plaza mayor, en vuestro interior estaréis echando en falta algo, como si os faltara la cartera. Eso es que necesitáis que alguien os diga que estáis atravesando una charnela, que grite de admiración al ver las calizas del acantilado o que llore de emoción cuando al atardecer la luz del sol incida sobre las rocas de una torre (pongamos la de Bujaco {Cáceres, España}) y muestre un color anaranjado sublime.

 

Todos somos transgénicos

Se habla mucho de transgénicos, homeopatía, veganos, piedra magnéticas curativas, tratamientos orientales, pero poco de ciencia. Todos estos conceptos, y otros muchos, se ven confusos en la sociedad, inundada por información, con acceso sencillo a muchos “expertos”, con publicidad engañosa y oráculos del siglo XXI. Pero ante todo, lo que falta, es la ciencia en todo esto y una burla constante al científico y lo que la ciencia supone.

Tal vez nosotros no ayudemos demasiado con nuestro argot, pero cabe destacar que la gente se acomoda fácilmente a que les hablen de términos de economía, arquitectura o medicina con facilidad y al final, todos esos términos, son parecidos a los que utilizamos los científicos, como puede ser ácido, plagioclasas, falla, pliegue o Jurásico para un geólogo.

El problema que existe está en la base, en que la ciencia no resulta importante en los planes de estudio y no se les da el valor que realmente tiene, porque la ciencia es lo que hace que realmente el mundo que conocemos exista y que siga moviéndose ya que en algún momento alguien se hizo una simple pregunta cuando vio algo que no supo explicar: ¿por qué…?

La ciencia no es enemiga de nadie, bueno, sí, es enemiga de aquellos que pretenden desacreditarla sin argumentos, exponiendo pruebas falsas o tratando de engañar. Todas esas personas son los enemigos de la ciencia y por desgracia parece que van ganando batallas, pero la guerra es larga y a lo largo de la historia se han ido conociendo sus engaños y perdiéndose sus historias entre páginas polvorientas.

sauceVoy a comenzar con la homeopatía, una rama de tratamientos médicos ALTERNATIVOS. Quiero recalcar la palabra ya que la homeopatía no es medicina. Yo no estoy en contra de utilizar algunos remedios caseros de vez en cuanto. Soy muy fan de tomar infusiones y me puedo tomar una tila cuando estoy nervioso, manzanilla cuando me duele el estómago o té de coca cuando me duele la cabeza, pero detrás de estas infusiones existe una explicación científica a sus efectos para nada mágicos. Incluso los romanos utilizaban la corteza de sauce para las fiebres y dolor de cabeza. Después, con investigación, se supo que en esa parte del árbol se encuentra el principio activo salicilina del que se obtiene el ácido acetilsalicílico que contienen las Aspirinas.

La homeopatía no tiene nada que ver con este principio de utilizar hierbas sino la disolución de componentes a medidas ínfimas, indicándose que de este modo el cuerpo no se ve expuesto a dosis elevadas que podrían conllevar a problemas más graves. Es algo así como si tuviéramos un ejército blanco y otro negro. El blanco, aunque es más fuerte, está en inferioridad numérica frente al negro, por lo que tiene posibilidades de perder. Si a ese ejército se le da una armadura a cada uno de los soldados tiene más posibilidades de vencer, frente a un abastecimiento donde solo se le dé armadura a uno de cada treinta y dos soldados. De eso trata la homeopatía, de dar a los glóbulos blancos, los soldados de nuestro cuerpo, una armadura a unos pocos ya que el resto, por una aparente furia guerrera, seguirán al aguerrido soldado armado. Claro que contra un ejército negro menor, una enfermedad, podrá vencer, pero sin duda le costará más y las posibilidades de recaída serán mayores.

En cuanto a transgénicos y veganos su relación está mucho más ligada de lo que tal vez se piensa.

arrozLos transgénicos existen desde hace mucho más tiempo del que pensamos. No solo unos cientos o miles de años, sino millones de años, porque la evolución natural no es otra cosa que el paso de un transgénico a otro, llegando a crear especies.

Los transgénicos, lo que buscan, es hacer especies más resistentes a determinadas situaciones del entorno, a plagas o permitir que generen un componente alimenticio determinado (véase el arroz dorado), en aquellas que están destinadas para la agricultura, pero también hay animales creados de una manera específica para la experimentación o bacterias para combatir contaminaciones en agua (derrames de petróleo, por ejemplo) o la creación de penicilina actual, tal vez unos de los descubrimientos médicos más importantes de la historia y que ha salvado millones de vidas.

Pero el hombre, en el momento en el que se asentó y empezó con la agricultura y la ganadería, aceleró este proceso, haciendo que los transgénicos evolucionaran según sus necesidades y desde ese momento han pasado varios milenios y no he visto a gente que haya salido con dos cabezas, tres piernas o cuatro ojos debido a la comida de origen animal o vegetal.

El ejemplo más claro está en las vacas o las ovejas, proyectadas para queraton dieran más leche o más lana y sin duda, en la agricultura, hay que mirar en los espárragos, porque los blancos de muchos centímetros de longitud, cultivados por el hombre, difieren bastante con los trigueros, esos verdes y algo escuchimizados, pero que tienen un sabor intenso.

Este modo de guiar la naturaleza ha posibilitado que puedan comer varios miles de millones de personas en todo el mundo y que variantes gastronómicas y culturales como la que practican vegetarianos y veganos puedan darse en la sociedad, pero solo en el primer mundo y en las clases más acomodadas de países emergentes, ya que tienen la posibilidad de acceder a cosechas durante todo el año, abastecerse de vegetales y fruta traída a cientos de kilómetros de su residencia y con producciones que les facilita mantener su modo de vida, pero que realmente van contra la naturaleza más básica del hombre y de su forma de alimentación que es omnívora, donde la carne supuso un paso más que fundamental para que nuestro cerebro, lo que nos ha permitido sobrevivir hasta ahora, consiguiera desarrollarse.

Cuando se habla de transgénicos creo que se confunde un concepto que es el uso de plaguicidas, que pueden ser perjudiciales, y eso es lo que los transgénicos tratan de evitar desde la base del ADN, para que las plantas sean resistentes a estas amenazas, pero no incluyendo ni chips localizadores ni cadenas de ADN que nos va provocar las sietes plagas de Egipto. Los transgénicos actuales solo vienen a ser el mismo tratamiento que llevamos cientos de años haciendo, pero acelerando un proceso que no tiene por qué suponer problemas en el futuro. Todos estos años avalan su éxito.

Tal es el uso de los transgénicos que mucho de lo que comemos, vestimos, cultivamos o con lo que nos curamos es transgénico. Nada tiene que ver su uso con alergias, problemas respiratorios, aumento de cáncer o enfermedades mentales. La contaminación en las ciudades está en el origen del problema, pero pocos quieren dejar de utilizar un vehículo y utilizar el transporte público o exigir a sus políticos (casi todos tan faltos de conocimientos de ciencia) unas políticas más eficientes para la lucha contra este problema real y palpable.

Por último quería hablar del uso de los animales en ciencia, algo que creo que es necesario bajo unas medidas básicas de ética profesional. No acepto que los animales se utilicen para usos recreativos que puedan llegar a ser mortales (como las corridas de toros, reventar de cansancio caballos por una celebración religiosa o por un acontecimiento festivo) y tampoco experimentaciones que no conlleven como fin un avance científico y supongan sufrimiento innecesario.

Los animales han sido utilizados principalmente para avances médicos. Las vacunas llevan su nombre por las vacas, los primeros animales donde se inoculó una vacuna para probar sus efectos y que tantos millones de vidas han logrado salvar desde entonces, y que por desgracia, es sectores reducidos, basándose en estudios que se han demostrado falsos, están promoviendo campañas contra ellas.

Hay animales que se crean para la experimentación desde ratones hasta vacas, donde se pueden probar técnicas médicas de mínima invasión. Realmente los que creen proteger a estos animales deberían pensar si lo que quieren es las técnicas que los científicos alemanes utilizaban durante el régimen de Hitler, tratando directamente con judíos, gitanos, homosexuales o con todo aquel que consideraban menores a su creyente superioridad aria.

Cuando se habla de algo hay que leer y verificar informaciones. Nadie es médico después de leer sobre la gripe, nadie es químico cuando se sabe fabricar un jabón, ni nadie es geólogo cuando se sabe reconocer un mineral. Tampoco en ciencia nada es negro o blanco al cien por cien, si así fuera la ciencia no habría evolucionado y no había permanecido entre los seres humanos, algo que no han logrado ni religiones, países, creencias o chamanes que miraban al firmamento buscando respuestas en lugar de buscarlas por ellos mismos.