Archivo mensual: agosto 2014

¿Son difíciles las carreras de ciencias?

Al hombre, desde que es hombre, le ha gustado comparar para hacer, en este caso, bandera de que lo suyo, por mucho que se diga, es siempre lo mejor. Pero antes esta falta de sensatez que supone la conciencia individual, se anteponen los hechos y las pruebas que son capaces de refutar o verificar las verdades sobre si algo es mejor o peor.

PLUMA Y TINTERO CienciaEn esta disyuntiva, desde que el hombre estudia, existe la discrepancia de si las humanidades, conocidas por muchos como letras, o las ciencias son más difíciles. Yo, como geólogo, por lo tanto de ciencias, solo puedo decir que estas son más difíciles, no solo por la fuerza sino también por la razón.

La cantidad de alumnos universitarios que cursan una carrera de ciencias en España ha ido disminuyendo progresivamente, estando en una proporción de uno a dos con respecto a las carreras de humanidades. Esto es un claro indicativo de las preferencias de los alumnos de secundaria del país, donde tal vez reside el problema fundamental.

Puede que esto se deba a que las formas en las que se plantean las asignaturas científicas sean malas o puede que su complejidad no sea del todo comprensible para todos los alumnos. Sin duda las matemáticas es la asignatura por antonomasia que se lleva todos los palos y que más denostada está en la carrera por saber cuál es la asignatura más odiada. Puede que tal vez la siguiente sea la geología, de la que soy amante fiel y que constituye mi titulación y profesión. Hablar de números, de raíces de integrales, derivadas y alcanzar las cotas de las matrices no están hechas para todas las mentes, pero comprender el significado de un mineral, el nombre de una roca o el conocimiento de la tectónica de placas implica un esfuerzo que no suponen las carreras de humanidades.

Historia es una serie de hechos, que es necesario conocer para saber de dónde venimos y a dónde vamos. Igual que ocurre en cualquier carrera de ciencias para no cometer los errores del pasado. La filosofía nos permite pensar y tener un pensamiento racional y que cuestione todo lo prescrito, el cual, por sorprendente que parezca, es la base de cualquier estudio científico. La lengua y literatura, tan conjugada con los idiomas extranjeros, es la base fundamental para la compresión de nuestro trabajo, utilizando verbos y adjetivos, conjugando verbos y utilizando preposiciones con la maestría con la que un escritor, un traductor o un periodista deben trabajar para mostrar con la mayor claridad su trabajo.

Pero yendo más allá de nuestra percepción es necesario saber que nuestra humanidad, eso que nos hace ser homo, se basa en la ciencia como un primer paso apoyado con un segundo que es la humanidad. Si el hombre es hombre es por su desarrollo cognitivo del medio en el que vive, el racionamiento al alma más intima del animal que llevamos dentro, lo que realiza la ciencia. Una vez asentado un sistema de pensamiento es posible crear una humanidad, un modo de desarrollo de la cultura, primero hablada, con transmisión de los conocimientos científicos y filosóficos, en forma de protoreligiones, y el paso posterior a la escritura, un desarrollo abstracto de primero orden, al mismo nivel de importancia que la invención de la rueda.

¿Las ciencias son más difíciles? La respuesta es sí, puesto que en ellas se inscribe implícitamente no solo el estudio de un campo de investigación o de desarrollo sino la necesidad del conocimiento de las ramas de humanidades las cuales, por desgracia, carecen del impulso para interesarse por sus hermanas, lo que lleva a ver como traductores no saben aspectos básicos relacionados con el idioma (el billón americano es posiblemente el mejor ejemplo), que periodistas cometan errores garrafales en sus crónicas o que políticos se dediquen a hablar, con buena retórica, sobre cuestiones científicas que solo saben de oídas (ahí tenemos al presidente Rajoy, su “primo” y el cambio climático).

Este aspecto me devuelve al principio de este artículo y es la estructura del bachillerato de las diferentes ramas, el paso previo a la universidad, donde los humanistas se dedican a lo suyo sin tener una sola asignatura de ciencias que les enseñe porque se produce un terremoto, para que sirve una integral, porque sus gafas funcionan por la óptica, porque el jabón de sus manos les elimina la suciedad de sus manos o que es lo que pasa en su estómago después de tomar un buen filete, mientras que los alumnos de las ramas científicas deben aprender quien es Góngora, que ocurrió en mayo de 1808 o conocer los pensamientos de Sartre.

Por último cabe una clara reflexión que es las veces que un humanista ha traspasado la barrera que lo separa de las ciencias. Son contados los casos y muy escasos los que han logrado cierto reconocimiento al hacerlo, pero el caso contrario es rico en este aspecto con periodistas, escritores, filósofos e incluso traductor que traspasan la barrera, en un cierto intrusismo del que se saben valer y que algunas veces llegan a superar a los humanistas siendo reconocidos en la actual sociedad, donde el conocimiento y el saber hacer son tan importantes.

Las ciencias son más difíciles que las letras. Un científico no puede ejercer su profesión sin saber de lo que está trabajando, pero nunca sin conocer de qué van las humanidades por lo que en lugar de estudiar una carrera de ciencias cursa una carrera de ciencia-letras, pero sin considerarlo doble titulación.

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Cuevas, torcas y mil formas de disolución

Es bastante probable que cuando éramos niños nos hayamos adentrado en cuevas para buscar antiguos tesoros de piratas, a pesar de encontrarnos en una zona más de secano que el desierto, o en la búsqueda de las huellas de un dinosaurio oculto y como mucho nos encontráramos con la caca dejada por una familia de murciélagos.

Cuevas hay muchas, un placer para los espeleólogos que hay que tratar con respeto cuando se exploran, pero cuyas condiciones de formación, al menos en aquellas producidas por procesos de disolución, son bien conocidas.

La mayoría de las cuevas están formadas en estratos calcáreos formados por calcita en la mayoría de los casos, aunque es posible encontrar cuevas formadas por yesos cristalinos, como ocurre en la zona de páramos cercanos a donde soy, Palencia (España), aunque son la excepción.

Partiendo de un estrato de calizas lo que se necesita para iniciar la formación de una cueva es agua y la actuación de un proceso denominado karstificación.

Choranche 5Este proceso se basa en una reacción de equilibrio que en un lado tiene agua (un medio acuoso), dióxido de carbono disuelto y la calcita de la roca. Al otro lado están los iones de calcio y aniones de bicarbonato. Cuando en alguno de los dos lados se produce un aporte se puede producir precipitación o disolución del carbonato. En el caso de la karstificación se añade a la reacción dióxido de carbono y comienza la disolución

Al añadir este gas se produce una primera reacción que acidifica el medio, lo que favorece la disolución de la caliza en este caso para liberar calcio y bicarbonato. Si esto se sigue produciendo de manera continua su resultado es la formación de oquedades que pueden llevar a la formación de cuevas.

Varios factores favorecen la disolución. Sin duda el primero es la posibilidad de tener agua y que este se pueda mover por la roca, ya sea por su porosidad aunque la mejor manera es hacerlo por medio de fracturas. El segundo condicionante es la temperatura del agua, que cuanto más baja aumenta la capacidad de concentración de dióxido de carbono en el mismo, siendo el origen de este gas el aire o también procesos metabólicos de organismos vivos presentes en el medio. Con todo esto tenemos el caldo perfecto para la karstificación.

Si nos hemos dado cuenta, las cuevas tienden a tener una morfología en forma de tubo. Esto es debido a que el proceso de disolución y transporte tiende a realizarse en ríos subterráneos que fluyen y que al encontrarse en un medio confinado tiende a formar la morfología mas aerodinámica que es un cono, aunque como huella que quede impresa sea un tubo.

Pero en ocasiones la disolución se intensifica en una zona, lo que tenderá a que la disolución vaya en la vertical en lugar de la horizontal, produciendo torcas o dolinas, las cuales tienen morfologías redondeadas y en ocasiones se encuentran cubiertas por agua donde viven algas y microfauna que puedenLas Torcas producir coloraciones diversas en el agua allí retenida y que suponen un atractivo para aquellos que las visitan, tal y como ocurre en las tocas cercanas a Cuenca (España).

Por último quedan las estalactitas (las que crecen de arriba abajo) y las estalagmitas (al revés). Estas formaciones de las cuevas tienden a las formas caprichosas y su crecimiento se realiza gota a gota, literalmente, depositando en su punta pequeñas cantidades de carbonato hasta que el agua cae y se resbala libremente. Este es un proceso lento, con un crecimiento de apenas 0,1 mm cada año, pudiendo llegar a 3 mm en condiciones de saturación de las aguas en carbonatos, por lo tanto se tratan de estructuras frágiles y cuya destrucción supones cientos de años de depósito.