Archivo mensual: octubre 2014

Año 214 después del Antropoceno

Hemos vivido engañados toda la vida. Nosotros que pensábamos que estábamos viviendo en el Holoceno y ahora resulta que no, que realmente estamos viviendo en el Antropoceno. Esta cuestión, que al común de los mortales le importa un pimiento, es algo muy a tener en cuenta para el futuro de las tablas geoestratigráficas y para la geología a un futuro a corto plazo.

De momento solo se trata de una propuesta de cambio que deberá ser aprobada en 2016, pero el grupo que está trabajando en esta etapa de la historia planetaria, parece tener las cosas muy claras, y salvo penalti en el último minuto, lo más probable es que comencemos a vivir en una nueva época geológica antes de que cambiemos de década.Viñeta Ramón

La propuesta del Antropoceno no es nueva. En el año 2000, el químico y ganador del premio Nobel, Paul Crutzen, planteaba que el planeta en la condiciones actuales era diferente al que vivieron nuestro primeros ancestros y no solo porque ahora llevemos ropa, tengamos un lenguaje claro y vivamos en ciudades, sino porque en los últimos siglos nuestras acciones han propiciado cambios en el medio que serán perdurables en el tiempo y por lo tanto tendrán reflejo en el registro geológico.

Existen pruebas evidentes de que el planeta está cambiando. Nuestras acciones antropogénicas han conseguido modificar el terreno, ha destruido cientos de kilómetros cuadrados de territorio forestal, han contaminado el aire y modificado el clima e incluso hemos comenzado una extinción que se ha llevado ya a vegetales y animales tanto por nuestra mano indirecta como por los problemas relacionados con ella.

Máquina vaporLa duda actual es saber cuál debería ser el momento exacto en el que poner el límite con el Holoceno, que comenzó hace 11.500 años, momento en el que se produjo el último punto de inflexión del ciclo de glaciaciones.

Las propuestas son varias. Unos indican que debería ser el momento en el que el hombre comenzó a domesticar animales y plantas para su propio beneficio, pero con la opción con la que me quedo es el año 1800, cuando la Revolución industrial estaba en auge gracias a la invención de James Watt, sin cuya máquina de vapor nuestro mundo sería completamente diferente.

Otro momento que también me resulta interesante es el año 1945, que además de ser el año de finalización de la Segunda Guerra Mundial, es el momento en el que el desarrollo de la bomba atómica tomó mayor relevancia, con miles de pruebas a lo largo de todo el mundo que dejaron su impronta mediante una ligera capa radioactiva fácilmente rastreable.

Sin embargo, además de posturas a favor, hay profesionales que no creen en el antropoceno. Si bien admiten que el hombre ha producido cambios en el medio ambiente, estos aún no son tan graves como para modificarlo dramáticamente.

Tal vez en la marisma de Urdaibai, donde el geólogo Alejandro Cearreta extrajo junto a su equipo sondajes del terreno, sea uno de esos lugares que marque la historia de la geología. En esa capa de sedimentos de 39 cm de longitud se guarda la historia del último milenio, tal vez aquel que empezó siendo Holoceno y acabó siendo Antropoceno. El tiempo y los sedimentos nos lo dirá.

Nobel geológico

Hace unos días se han conocido los galardonados con los famosos premios Nobel, que vienen a ser un reconocimiento de estos profesionales en sus diferentes campos de trabajo y la labor en pos del bienestar y del desarrollo de la humanidad y de la paz. Entre las categorías científicas se encuentran la física, la química y la fisiología o medicina, pero no hay nada sobre geología que, al igual que ocurre con las matemáticas, no tienen representación en estos prestigiosos premios. Para encontrar relevantes premiados en ambos campos debemos acudir a la medalla Fields, otorgada cada cuatro años, y la medalla Wollanston, reconocimiento otorgado por la Sociedad Geológica de Londres.240px-Luis_Walter_Alvarez_1961

Realizando una pequeña búsqueda, más bien rápida y concisa, resulta que no ha habido ningún geólogo que haya tenido el honor de llevarse a su casa una medalla con el rostro grabado del polifacético Alfred Nobel, pero sí que uno de los afortunados tuvo relación con la geología y propuso una de las hipótesis más conocidas por la humanidad en este campo.

El hombre del que estoy hablado es Luis Walter Álvarez. De orígenes españoles (su abuelo nació en Luarca (España)), Álvarez se convirtió en físico por la universidad de Chicago. Sus comienzos en la investigación se basaron en el incipiente estudio de la física de partículas, participando en el descubrimiento de la primera reacción de fusión por átomos de hidrógeno.

Este conocimiento le hizo ser parte proyecto Manhattan, en el que contribuyó al desarrollo de la tecnología necesaria para la creación de la bomba atómica, codo con codo con físicos de alto nivel, como el propio Oppenheimer. Todo este trabajo fue el germen que posteriormente le haría merecedor de tan ilustre galardón.

Al regresar a su puesto como profesor en la universidad de California su mente científica volvió a ponerse en marcha y pronto comenzó a pesar de qué modo podía integrar los conocimientos sobre radar adquiridos durante la guerra mundial y sus aplicaciones en la física de partículas. Esto le impulsó a realizar los primeros programas de reconocimiento de partículas dentro de las cámaras de burbujas, en concreto las de hidrógeno que él mismo ideo. En estas cámaras se descubrieron partículas, el modo en que estas interaccionan y sus modos de resonancia. Toda esta labor es lo que la comisión sueca consideró para otorgarle el Nobel en 1968.

Aunque su labor fue principalmente en el campo de la física, también formó parte del equipo que estudió varias pirámides egipcias para el descubrimiento de cámaras secretas y ayudó al análisis de las imágenes tomadas por video-aficionados durante el asesinato del presidente Kennedy.

Pero sin duda, para los geólogos, el estudio más interesante es el que LWA_with_Waltdesarrollo junto a su hijo, el geólogo Walter Álvarez. En la década de 1970, Álvarez hijo se encontraba trabajando en la parte central de Italia, donde se encuentran una serie de estratos de limos del Cretácico al Paleoceno, incluyendo el límite conocido como K-T que marca el paso de una era a otra. Este límite se encontraba marcado por una capa de arcillas negras a la que nadie había encontrado explicación

Con la ayuda de su padre y dos investigadores más (Frank Asaro y Helen Michel) se dispuso a estudiar esta capa, obteniéndose que su composición contenía altas cantidades de iridio, anomalías en cromo, gránulos de cuarzo de impacto, esférulas de vidrio y tectitas. Todos estos datos solo tenían una posible explicación.

De este modo surgió la hipótesis Álvarez, publicada en 1980, la cual dispone que la extinción que se produjo entre el Mesozoico y el Cenozoico, que entre otros acabó con los dinosaurios, se produjo por el impacto de un meteorito que irradió a lo largo del planeta material que se deposito en esta capa. Inicialmente esta propuesta fue muy discutida por la comunidad, quienes no veían que fuese real y se barajaban otras hipótesis.

Diez años después, se descubrió en México las evidencias de un gran impacto, denominado Chicxulub, que sirvió como prueba definitiva para dar veracidad a esta hipótesis desarrollada por padre e hijo y que en la actualidad apenas se discute, aunque con el matiz de que tal vez no fuese el único culpable de la mega extinción (habría que añadir el aumento de la actividad volcánica a nivel global) aunque si el desencadenante principal.

Tal vez no exista un geólogo premio Nobel, y es bastante complicado que alguno lo pueda conseguir en el futuro (espero que me pueda comer estas palabras), pero si alguna vez hubo alguien tan cerca de ganar uno, tal vez Luis Walter Álvarez deba llevarse ese honor.