Archivo mensual: abril 2017

Las notas de campo

“La ciencia avanza una barbaridad” es lo que las viejecitas dicen siempre que algo novedoso cambia el mundo en el que viven por completo, dejándoles un regusto extraño de que ya su entorno no se parece nada al de antes y que están condenadas a desaparecer. En la geología, como ciencia que es, los avances también son una barbaridad.

Nuevas formas de datación, nuevos métodos isotópicos, fórmulas para determinar paragénesis minerales, técnicas de microscopía. Muchos y variados han sido los métodos que se han ido incorporando al estudio de la geología, pero por muchas novedades que haya, las notas de campo siguen siendo el cimiento sobre el que construir nuestros estudios.

Ya he hablado de las herramientas de terreno en otra entrada, pero para el tema de las notas de terreno es fundamental algunos aspectos a tener en cuenta.

El primero es elegir el soporte. Como la ciencia avanza, el modo en el que recogeremos nuestras notas también lo hace. A mi llamadme tradicional, pero sigo prefiriendo una libreta. Con el tiempo he ido evolucionando y he pasado de los cuadernos de folio completo de mis años de estudiante, con cuadrícula y todo, a agendas pequeñas, que caben en el bolsillo del pantalón o del chaleco de geólogo, y que me resulte cómoda de llevar, y con hoja lisa, sin líneas, ya lo entenderéis. En cuanto al modelo me gusta Moleskine por su calidad, pero no hago ascos a otras marcas que me ofrezcan lo mínimo que pido.

Otros dirán que para algo están las tablets (o tabletas, aunque esto me sigue sonando a chocolate) o los teléfonos móviles (o celulares). Si la batería aguanta y hacéis un respaldo de la información estoy conforme. Tenéis que tener en cuenta que lo que llevéis para hacer los apuntes debe ir con vosotros hasta la punta del cerro o a afloramientos difíciles de llegar, sin que os estorbe ni moleste.

En cuanto a escribir, esto solo para el formato papel, prefiero una lapicera, portaminas, lápiz o lápiz grafito (sí, así se puede llamar a la misma cosa). Por qué, sencillo. Se puede borrar y yo, que soy de cometer muchos errores, me permite al instante corregirlos sin dejar una página emborronada con tachones de tinta. Además, el grafito no necesita secarse, y con libretas con hojas gruesas la tinta tarda en secarse y se puede correr.

Lo segundo es el contenido, lo más importante. No es necesario ser un Cervantes, un Marcel Proust, Ayala o García Márquez para describir lo que se está viendo. Al menos debemos ser conscientes de que lo que escribamos lo entendamos nosotros, para eso son nuestras notas personales.

En un post parecido a este, me parece que hace la mejor forma de afrontar este reto: pensar que quien va a leer nuestras notas es una persona ciega. Yo utilizaba el “explicárselo a mi abuela”, pero todo vale. Colores, formas, texturas, tamaños e incluso sabor (lo que nos gusta lamer rocas) es necesario ser recogido en nuestras anotaciones. Minerales, relaciones entre ellos, contactos. Un sinfín de datos que deben ser acordes a nuestros objetivos, aunque aquí más no es menos.

Otra de las cosas que debemos tener cuidado es localizar exactamente el lugar que estamos estudiando. Ahora cualquiera tiene un GPS en el bolsillo con su teléfono, así que no se tiene perdón con esto. Si no, gastarnos un poco de dinero en un GPS tampoco está mal. Pero siempre quedará bien tener un buen mapa y una buena orientación para saber el punto exacto en el que nos encontramos. Esto es necesario si se necesita volver o para hacer interpretaciones. Tener indicaciones de carreteras o localidades cercanas también es aconsejable.

Las imágenes son algo fundamental. Los avances han permitido que podamos sacar fotografías casi hasta con el reloj (todo se andará), pero una de las dificultades de la fotografía geológica es su interpretación. Aquellas fotos en las que se ve un pliegue perfecto, una secuencia estratigráfica o una falla son espectaculares, muy vistosas, pero escasas. Lo habitual es que veamos una foto geológica y no entendamos nada salvo que nos expliquen lo que hay con un subtítulo o un esquema. Lo mismo ocurre con las fotografías de terreno, donde una descripción es válida, pero un dibujo donde se pongan puntos de referencia y se dibujen las estructuras es ideal. No importa el tiempo que nos lleve ni la capacidad de dibujo que tengamos, cuando esto nos ayude al repasarlas cuando nos hayamos olvidado de lo que quisimos plasmar.

Luego están los colores. Personalmente me gusta pintar los dibujos, pero también marcar fechas, coordenadas, fotografías o muestras, sobre todo al volver a revisar los apuntes. Y una última recomendación, repasar los apuntes en cuanto se pueda. Si es al final del día, mejor, por muy cansados que estemos. Podemos hacer una visión del día, hacer una interpretación y completar con algún aspecto que se nos haya olvidado apuntar. Es nuestro trabajo y cuando mejor este, mejor será lo que acabemos haciendo.