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Un resumen y algo más

Durante casi un año he estado escribiendo una serie de artículos que detallan, más o menos, todos los pasos que nos han llevado a existir como especie en este planeta. Este es mi modo de resumirlo todo.

Al principio no existía nada, así que de la nada tuvo que surgir algo. Como surgió ese algo es un misterio, pero las fuerzas que nos rodean propiciaron la aparición del universo que conocemos a partir de la explicación que da la teoría de cuerdas y las interacciones entre las dimensiones invisibles a nuestra capacidad de percepción.

En este punto de la historia comienza el tiempo. Solo se necesitaron unos pocos segundos para decidir todo el destino. Los primeros elementos se formaron, los más básicos, esos que constituyen los ladrillos fundamentales de todo lo que conocemos y que se distribuyeron en un universo en plena expansión y caliente, concentrándose en determinados sectores, algo que resultó fundamental. Al concentrarse esto generó calor, como si fuera un concierto de un grupo importante (pongamos Queen). Así nacieron las galaxias y dentro de ellas las estrellas, gigantescas estrellas, con un tamaño difícil de concebir en nuestro cerebro, capaces de dejar a nuestro Sol como una simple canica.

Fusión nuclearPero no era bueno ser grande. Necesitas mucha energía para seguir caliente así que son de muerte rápida, con un estallido final en forma de supernova. Gracias a la nucleosíntesis, que se produce en esta muerte estelar, se produjeron el resto de elementos químicos, esos de los que estamos compuestos.

Más estrellas nacieron de las cenizas de sus abuelas, entre ellas el Sol. Tomando más hidrogeno, el Sol fue formándose y el resto de elementos de estas supernovas atrapados por la gravedad de la nueva estrella se unieron y combinaron, y formaron rocas y compuestos orgánicos, líquidos como el agua y gases. La acreción fue tomando forma y grandes bolas de materia giraban alrededor de la estrella recién nacida.

Los planetas tomaban vida. Engordaban su masa con más y más planetésimos despistados a su alrededor y que chocaban con frecuencia contra estos protoplanetas.

Algo clave pasó con la Tierra. En su órbita no giraba solitario. El destino le había concedido una hermana, Theia, quien también crecía en masa, lo que hacía que su gravedad fuese cada vez mayor y los acercara. Un beso explosivo acabó con la muerte de la menor, Theia, desgranando a la primitiva Tierra, arrancando una parte de su cuerpo que fue cedido para que tuviera una amante nocturna en la Luna.

Esto podía haber pasado en cualquier punto orbitando alrededor del Sol, pero se produjo a una distancia oportuna de 150 millones de kilómetros. La Tierra se vio beneficiado por ello. Creó una atmósfera estable y el agua quedó retenida por su gravedad, produciendo lagos y océano, ríos y arroyos. La dinámica se completó con una geología particular y un núcleo de hierro que proporcionó una protección magnética ante los soplidos del Sol.

Un nuevo mundo se estabilizaba y las moléculas orgánicas se unían para crearEvolucion la vida. Moléculas simples formaron los primeros organismos. Simples. Tan solo una pared protegiendo lo importante en su interior. Había tiempo de sobra para ir mejorando las cosas. Mil millones de años fue bastante tiempo para que se diera un paso más.

Los seres multicelulares, unas comunas de células ayudándose entre sí, constituyeron seres más complejos. Si lo pensamos bien nosotros somos eso, una comunidad de amigos que buscan el bien común. Más les vale para sobrevivir.

El Pikaia apareció en un mundo hostil. Una explosión de diversidades se daba en su tiempo, cambiando a la velocidad de un parpadeo para ser mejor que tu contrario, ser más competitivo ente los depredadores y los depredados. Su capacidad de supervivencia fue crucial.

Del ancestro común en los mares Cámbricos surgieron los primeros peces. Millones de años pasaron para que los anfibios llegaran a ocupar no solo el mar sino parte de la tierra firme. La Luna seguro que tuvo mucho que ver con esto. Los reptiles se aventuraron algo más adentro, unos valientes, y aparecieron los mamíferos y los dinosaurios. Los primeros fueron discretos, como si supieran que su momento llegaría, mientras que los dinosaurios fueron presuntuosos, unos emperadores que debieron de pensar que vivirían para siempre dominando aquel planeta, siendo grandes como pequeñas montañas y rugidores como cien leones.

Pero lo mismo que creó la Tierra los destruyó y los mamíferos debieron de sonreír, saliendo de sus madrigueras en la noche y aventurándose a un mundo en el que los gigantes habían caído. Así que crecieron en un paisaje donde las aves eran el último vestigio de un pasado mejor.

Unos millones de años tuvieron que pasar. Miles de modificaciones de los animales, miles de cambios en el territorio y solo una la clave para el bipedismo. Una simple fractura limitó todo un continente. Las lluvias ya no llegaban y el bosque cambió. La lucha por la vida se daba de nuevo.

Bidepismo, manos prensiles y un cerebro cada vez mayor. Las herramientas para que un ser explorara el planeta. Unos, los homo erectus, se aventuraron y se movieron. Una nueva especie, los homo sapiens, lo hizo mejor y llenaron el planeta.

CiudadY ahora estamos aquí, en un mundo que cambiará aunque no lo creamos o queramos. Las especies evolucionan ante nuestros ojos sin darnos cuenta y las montañas se erosionan.

Nosotros sobreviviremos por un tiempo, pero llegará un punto en el que el planeta será demasiado hostil. Cuándo es difícil de calcular y de establecer. Es posible que nosotros seamos los causantes de que no podamos vivir cómodamente en él y necesitemos cambiarlo o salir de él.

Con o sin nosotros el planeta continuará. La vida seguirá por bastante tiempo, hasta un punto en el que el agua desaparezca por culpa del calor insoportable. La vida empezará a menguar. Los primeros en desaparecer serán los animales más grandes y las plantas, y luego los más pequeños. La vida más simple será la que logrará sobrevivir más tiempo y las bacterias serán las últimas en despedir al sol. Una involución en toda regla.

Se han dado unas condiciones especiales para que seamos conscientes de lo que nos rodea. Tal vez no seamos la única vida en el universo. Hay miles de millones de estrellas y probablemente existan condiciones similares que permitan la vida, tal y como la conocemos o en una manera que solo pensaríamos que es ciencia ficción. Ya lo dijo Carl Sagan, cuanto espacio desaprovechado si estamos solos en el universo.

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Los homos

El aspecto que hace que el hombre sea hombre son  sus herramientas. La creación de estos elementos artificiales, producto de un intelecto desarrollado, son el rasgo definitivo y que, por primera vez, separa un linaje de género de otro diferente sin tener en cuenta características biológicas clave.

La aparición del género homo no solo supuso una serie de nuevas especies en el planeta, sino la aparición de una especie, la última en la cadena, capaz de adaptarse a cualquier situación no por su biología sino por su inteligencia.

El primero en esta familia fue el homo rudolfensis, en África, el que dio la raíz al árbol genealógico que continúa con el homo habilis en el tronco, una especie con plenas capacidades para fabricar herramientas líticas, y el homo erectus, coexistiendo durante 500.000 años.

El homo erectus o ergaster, para la especie encontrada en Europa, fue la primera en dominar el fuego y la que comenzó con el carácter exploratorio que orbita alrededor de los homos. No solo África los vio caminar por sus tierras. Europa fue un punto por el que vivió; y Asia, donde se expansionó de tal manera que llegó hasta las islas del Índico donde se establece la actual Indonesia.

Del homo erectus se ramifica el árbol en tres ramas. La más corta la supone el homo floresiensis u hombre de Flores, una isla indonesia donde vivió esta especie de homo de talla pequeña, y que en ocasiones ha sido bautizada como hobbit, los personajes de la Tierra Media de Tolkien.

AtapuercaPosiblemente una especie intermedia en la segunda rama fue anterior al homo Antecesor en Europa y que vivió en la península Ibérica, en la Sierra de Atapuerca (Burgos, España), al igual que lo hizo el siguiente en la rama, el homo Heiderbergensis, del cual existe un registro fósil más amplio.

La tercera rama nace de nuevo en África. De esta rama aparece nuestra especie, el homo sapiens, con los abuelos homo Rhoderrensis.

Entre todas estas generaciones falta solo una especie de todo el árbol y que es la punta final de una de las ramas. Esta especie probablemente apareció en Alemania o al menos en el centro de Europa evolucionando de los Heiderbergensis. Se trata de los Neandertales.

Fueron una especie inteligente, aunque su apariencia pudiese parecer la de unNeandertal hombre con solo músculos y poco cerebro, mirando plácidamente un hueso en sus manos, está fuera de la imagen real. La idea de primitivismo es contraria a la realidad estudiada por los paleontólogos. Si bien su morfología era diferente a la nuestra, siendo de talla más baja, aunque de mayor corpulencia, y posiblemente con la piel blanca, todo ello adaptado a las condiciones glaciares que avanzaban por esta región del planeta, su idea de comunidad era generalizada, con sentimientos que se demuestran con los rasgos encontrados en fósiles donde huesos estaban soldados o individuos de edad avanzada que habían sido cuidados hasta sus últimos días.

Nosotros nos desarrollamos en África. Con la piel negra y con poco pelo cubriendo el cuerpo, estos hombre y mujeres debieron ser altos en comparación con los Neandertales aunque mucho más delgados, adaptados a un entorno caluroso en el este del continente. De nuevo las dos piernas que le permitían su locomoción eran sus aliados para recorrer grandes distancias y, como ya hizo el homo erectus, su disposición a la exploración fue más que patente, posiblemente envalentonados por sus herramientas y armas que les permitían defenderse de animales depredadores y que les permitían ser cazadores sin garras.

Su incursión en Europa y Asia fue hace 100.000 años, coincidiendo con los Neandertales durante 30.000 años. Todo parece indicar que hubo una convivencia pacífica entre dos especies diferentes, pero similares. Imaginar el momento en el que un grupo de sapiens se encuentra con uno de neandertales debió de suponer un encontronazo extraño muy similar al del hombre de raza negra al ver por primera vez a un blanco o los nativos americanos con los primeros españoles colonizadores.

Sin duda ambos grupos poseían una cultura propia. Es posible que entre ambas especies hubiera un intercambio de conocimientos cuya transmisión no debió de ser sencilla, pero que tuvo que ser eficiente de alguna manera.

Pero los Neandertales se extinguieron. ¿El sapiens tiene la culpa? Puede que sí, puede que no. La extinción de nuestros hermanos se produjo al mismo tiempo que especies como el mamut lanudo desaparecían definitivamente, animales adaptados a unas condiciones que iban desapareciendo y a las que el Neandertal no pudo sobrevivir. El sapiens pudo influir en la ocupación de determinados nichos que solo ocupaban el Neandertal hasta su llegada. Tal vez nunca lo sepamos la verdad.

Migración humanaEl homo sapiens sobrevivió y se expandió por el planeta. Tras Europa y Asia les siguió las islas del Índico hasta llegar a Australia. América fue la siguiente etapa, pero no llegaron por mar sino por tierra gracias a los últimos coletazos de la glaciación y que permitían la formación de un puente de hielo en el estrecho de Bering, que actualmente separa el este de Rusia con Alaska, que al fundirse dejó separado del resto esta parte de tierra emergida. Los hombres poblaron esta tierra hasta llegar al punto sur de Sudamérica, poblando el extremo meridional de Chile hace 11.000 años.

Los últimos lugares en ser poblados fueron los aventureros polinesios, llegando a las diferentes islas del Pacífico hace unos pocos milenios.

Finalmente el homo sapiens se encontró en todo el planeta. En unos pocos cientos de años pasó de estar solo en África a que siempre un humano contemplara la luz del día, siendo la primera especie en hacerlo en toda la historia del planeta.

Mucho ocurrió hasta este punto. Millones de generaciones, millones de especies, transformaciones inverosímiles que a veces funcionaban, catástrofes, terremotos, impactos de cuerpos extraterrestres, todo permitió que nos encontremos hoy aquí. Somos un pequeño grano de arena en la evolución. ¿Nos extinguiremos? Posiblemente, y otras especies nos sustituirán. Lo queramos o no, el planeta evoluciona y con él las especies que lo habitan. Es así de simple.

Una historia del este

Todo empezó en África hace 7 millones de años. En aquel momento las cosas empezaron a cambiar. Con la lenta cadencia con que las rocas se mueven impulsadas por las colosales fuerzas de la naturaleza, África comenzó a cambiar.

Volviendo la vista un poco más atrás en el tiempo, comprenderemos el comienzo de esta historia. Hacía mucho tiempo que ningún terreno se separaba de África. Lejos quedaba la separación con Sudamérica o con India. Había añoranza por Madagascar, pero tampoco se había ido tan lejos. Pero llegó un momento en el que África empezó a dividirse de nuevo.

Al este del continente empezó a surgir un rift, algo que solo augura que con el tiempo ese punto será un océano que separa dos cortezas continentales. Este proceso provocó la aparición de una gran falla y la formación de volcanes que construyeron una nueva cordillera. Este accidente geográfico fue clave para la parte este del continente. Al oeste la selva seguía extendiéndose como siempre, pero al este las precipitaciones se vieron drásticamente afectadas.

SabanaEl fin del régimen de lluvias normal, que permitía la supervivencia de la selva, provocó que el clima cambiara y con ello el ecosistema de selva, cambiando a lo que actualmente conocemos como sabana y que se caracteriza por planicies cubiertas de hierbas altas y escasos y solitarios arboles dispersos a lo largo del terreno.

En este ambiente los primates existentes en este ecosistema tuvieron que adaptarse. Ya no era todo tan fácil, donde los arboles estaban cargados de alimento fácil de conseguir y que además suponían una forma de protección ideal y rápida en las copas. Ahora el alimento estaba en arboles aislados y los depredadores tenían más fácil la posibilidad de cazarlos cada vez que se desplazaban para poder alimentarse.

Ante estas nuevas condiciones solo los mejores adaptados podían sobrevivir en este ambiente. Durante generaciones las transformaciones anatómicas supusieron un cambio fundamental para que nuestra especie se desarrollara en el planeta.

Las dos condiciones Evolución humanaprincipales para el cambio fueron el bipedismo y la obtención de un pulgar oponible. El bipedismo no era algo nuevo en la naturaleza para los primates, quienes en ocasiones caminan a dos patas para desplazarse de un lugar a otro. Lo que ocurrió esta vez fue transformándose de algo temporal a permanente, presionados por los depredadores, ocultos por las hierbas altas que ocultaban la visión de los primates primitivos y cuya única forma de vigilancia eran los arboles aislados o levantar la vista por encima de esta vegetación, algo que solo alcanzaban alzándose en sus patas traseras.

La transformación al bipedismo trajo consigo un cambio en la morfología de todo el cuerpo. El cambio fundamental fue en la cadera que debía adaptarse a un cuerpo erguido. Esto a su vez produjo un cambio progresivo en la columna vertebral, curvándose hasta ser la S actual para mejorar la dinámica corporal y modificar el punto de equilibrio del cuerpo, situándose aproximadamente a la altura del ombligo. Otro cambio se situó en el cráneo donde el foramen magnum pasó de estar en la parte trasera a moverse hasta la parte inferior, para conectar el cerebro y cerebelo con la columna vertebral y el sistema nervioso que en ella se alberga.

El otro cambio morfológico, la aparición de un pulgar oponible, producto de una mutación, permitía a las nuevas especies tomar con las manos elementos y utilizar mejor herramientas, algo que desde hacía mucho tiempo ya hacían, como bien lo demuestran los chimpancés y el uso de palos para “cazar” hormigas y otros insectos.

El momento en el que este proceso comienza fue hace 7 millones de años, donde el Ardiphitecus se separó de la línea evolutiva compartida con el chimpancé, nuestro pariente más cercano.

Poco a poco este género fue evolucionando hasta la aparición de los Australopitecus los primeros verdaderamente bípedos con diferentes especies a lo largo de un periodo de poco más de tres millones de años desde los 5,3 a los 2,3 millones de años con tres especies principales, la Africanus, la precursora, Afarensis, dentro de la que se incluye Lucy, posiblemente uno de los restos de la evolución humana más famosos, y los Anamensis.

Varias especies más de Australopitecus caminaron sobre el planeta mientras el género homo hizo aparición. El punto de separación, actualmente bastante controvertido, y que se fecha con la aparición de herramientas de piedra por parte del nuevo género hacer 2,5 millones de años.

excaliburLa aparición del género homo y la elaboración de herramientas, supuso el punto fundamental para que la especie humana progresara. Nuestro cerebro, nuestra única evolución realmente útil en nuestros cuerpos, tuvo una manera para expandirse que ninguna especie tuvo antes.

Un cambio en las condiciones del ecosistema es la mejor presión para la evolución. Para nuestra aparición todo se debió a que teníamos que mirar por encima del horizonte, necesitando cambiar nuestro cuerpo. Nuestras manos ayudaron a modelar herramientas y si queríamos que fueran cada vez más útiles solo los más inteligentes podían confeccionarlas. Un aumento en el cerebro, centro de nuestra inteligencia, conllevo que nuestros órganos se redujeran hasta un punto crítico, ya que el cerebro es un habido consumidor de energía y que cada vez era mayor. Un mayor cerebro implicaba un cráneo mayor, con problemas asociados en el parto por una cadera modificada a causa del bipedismo, que presionaba para que el conducto del parto fuera menor, empujando a que las hembras tuvieran vástagos con un cerebro suficientemente desarrollado, pero no autosuficientes como en algunos de nuestros antepasados primates. La necesidad de mayor energía impedía que nuestra dieta, basada en vegetales, continuara siendo la misma, implicando que se tuviera que ir aumentando la cantidad de proteínas animales, mucho más calóricas, haciéndonos carroñeros animales carroñeros hasta que nuestra inteligencia nos permitió ser cazadores.

Sin duda es una fortuna que existamos en este planeta. No tenemos garras, no corremos rápido, no somos los más fuertes y no somos grandes. No tenemos pelo que nos proteja del frio y desnudos en la naturaleza pocos conseguiríamos sobrevivir. Nos tocó la lotería y nos convertimos en los más ricos del planeta con solo un boleto.

El reino de los vertebrados 2ª parte

Estamos en el Pérmico. La Tierra está formada por un único gran océano y un inmenso continente que llamarán Pangea. Es, casi, un inmenso desierto, un lugar terrible para vivir si no estás cerca de la costa. Es probable que haya zonas donde lleve años sin llover. Tal vez siglos.

Es en esta época cuando aparece un nuevo grupo, los reptiles. Su especialización es muy sencilla. Al no haber agua sus crías no hubiesen podido hacer como hacen las de los anfibios, seguramente relegadas a zonas ecuatoriales, pero hay mucho terreno que recorrer y muchos nichos ecológicos que van quedando vacantes por la masiva extinción que se está produciendo en el planeta. Si las crías no pueden nacer en el agua que lo hagan en la tierra. Así la evolución dio a luz al huevo.

Es tan sencillo como que a la misma hueva, producida por peces y anfibios, se le confiere una cubierta protectora dura, la cascara, que mantiene al embrión en el interior, protegido del exterior y en un medio acuoso. Las crías se desarrollan en este medio y cuando nacen son miniaturas de sus padres. La transformación está completa antes de nacer.

Los reptiles pronto se diversificaron. Una parte se separó pronto, aún en el Pérmico. La otra rama continuó su camino evolutivo que dio paso a diferentes clases que darían los Testudines en el Triásico (las tortugas), los Lepidosauria (serpientes y lagartos) y a los Cocodrlia (cocodrilos) a finales del Triásico.

La primera rama, a partir de la que aparecieron animales enormes que no lograron dejar un registro viviente en la actualidad, apareció un reducido grupo que presentó una innovación increíble ¿Por qué dejar huevos a partir de los que nacerán nuestras crías en nidos donde pueden que los cacen depredadores y los desarrollamos en el interior de nuestros cuerpos? Así aparecieron los mamíferos.

Este aspecto evolutivo se produjo por la presión que ejerció otra clase de descendientes de los reptiles: los dinosaurios.

Dinosaurios, pterodáctilos, pterosaurios, ictiosaurios, vivieron en la Tierra durante el Mesozoico, pero son los primeros quienes se llevaron el mayor foco de atención. Cientos de especies compusieron este género que desde el Triásico al Cretácico dominaron la Tierra firme.

Pero antes de desaparecer algunos dinosaurios desarrollaron plumas. Es probable que inicialmente solo fueran un elemento decorativo y de atracción para las hembras. Luego su desarrollo en las patas delanteras propició que se utilizaran para realizar planeos por su estructura en filamentos.

El archaeopteryx se considera el abuelo de todas las aves la primera que se pudo diferenciar de los dinosaurios.

Entonces llegó el meteorito. En un juego de billar cósmico golpeó la Tierra, ayudando a que la previsible extinción que estaban sufriendo los dinosaurios, por un aumento en el volcanismo en todo el planeta, se completara de forma drástica. Hace 65 millones de años, tal vez 63 millones de años en algunos registros, los dinosaurios dejaron de caminar por el planeta.

Solo los seres más adaptados sobrevivieron. En un mundo que redujo su temperatura, por el polvo que cubría la atmósfera, aquellas que podían regularse térmicamente de forma eficiente tenían mucho que ganar.

Los mamíferos eran quienes poseían las mejores condiciones para ocupar ese puesto. Relegados durante millones de años a ser seres pequeños y nocturnos, vieron de nuevo la luz del día y comenzaron a ocupar los nichos abandonados. A partir de ese momento aumentaron progresivamente de tamaño, desde minúsculas musarañas hasta los mamuts lanudos, llegando a climas que ni los dinosaurios hubieran pensado en poder ocupar.

Durante los últimos millones de años han ocupado el planeta. Los marsupiales no fueron exitosos y eso lo demuestra que se encuentren recluidos en Australia, un ecosistema a parte del resto de los continentes y que los que existían en Sudamérica, se extinguieran en cuanto Norteamérica, donde existían los placentarios, se unió para formar un único continente y se mezclaran las especies.

Los cambios han sido muchos y algunos mamíferos han vuelto al mar, como delfines o ballenas, y otros han emprendido el vuelo, como los murciélagos. Pero las mutaciones han permitido una gran diversidad todas ellas presionadas por un medio en constante cambio.