Las notas de campo

“La ciencia avanza una barbaridad” es lo que las viejecitas dicen siempre que algo novedoso cambia el mundo en el que viven por completo, dejándoles un regusto extraño de que ya su entorno no se parece nada al de antes y que están condenadas a desaparecer. En la geología, como ciencia que es, los avances también son una barbaridad.

Nuevas formas de datación, nuevos métodos isotópicos, fórmulas para determinar paragénesis minerales, técnicas de microscopía. Muchos y variados han sido los métodos que se han ido incorporando al estudio de la geología, pero por muchas novedades que haya, las notas de campo siguen siendo el cimiento sobre el que construir nuestros estudios.

Ya he hablado de las herramientas de terreno en otra entrada, pero para el tema de las notas de terreno es fundamental algunos aspectos a tener en cuenta.

El primero es elegir el soporte. Como la ciencia avanza, el modo en el que recogeremos nuestras notas también lo hace. A mi llamadme tradicional, pero sigo prefiriendo una libreta. Con el tiempo he ido evolucionando y he pasado de los cuadernos de folio completo de mis años de estudiante, con cuadrícula y todo, a agendas pequeñas, que caben en el bolsillo del pantalón o del chaleco de geólogo, y que me resulte cómoda de llevar, y con hoja lisa, sin líneas, ya lo entenderéis. En cuanto al modelo me gusta Moleskine por su calidad, pero no hago ascos a otras marcas que me ofrezcan lo mínimo que pido.

Otros dirán que para algo están las tablets (o tabletas, aunque esto me sigue sonando a chocolate) o los teléfonos móviles (o celulares). Si la batería aguanta y hacéis un respaldo de la información estoy conforme. Tenéis que tener en cuenta que lo que llevéis para hacer los apuntes debe ir con vosotros hasta la punta del cerro o a afloramientos difíciles de llegar, sin que os estorbe ni moleste.

En cuanto a escribir, esto solo para el formato papel, prefiero una lapicera, portaminas, lápiz o lápiz grafito (sí, así se puede llamar a la misma cosa). Por qué, sencillo. Se puede borrar y yo, que soy de cometer muchos errores, me permite al instante corregirlos sin dejar una página emborronada con tachones de tinta. Además, el grafito no necesita secarse, y con libretas con hojas gruesas la tinta tarda en secarse y se puede correr.

Lo segundo es el contenido, lo más importante. No es necesario ser un Cervantes, un Marcel Proust, Ayala o García Márquez para describir lo que se está viendo. Al menos debemos ser conscientes de que lo que escribamos lo entendamos nosotros, para eso son nuestras notas personales.

En un post parecido a este, me parece que hace la mejor forma de afrontar este reto: pensar que quien va a leer nuestras notas es una persona ciega. Yo utilizaba el “explicárselo a mi abuela”, pero todo vale. Colores, formas, texturas, tamaños e incluso sabor (lo que nos gusta lamer rocas) es necesario ser recogido en nuestras anotaciones. Minerales, relaciones entre ellos, contactos. Un sinfín de datos que deben ser acordes a nuestros objetivos, aunque aquí más no es menos.

Otra de las cosas que debemos tener cuidado es localizar exactamente el lugar que estamos estudiando. Ahora cualquiera tiene un GPS en el bolsillo con su teléfono, así que no se tiene perdón con esto. Si no, gastarnos un poco de dinero en un GPS tampoco está mal. Pero siempre quedará bien tener un buen mapa y una buena orientación para saber el punto exacto en el que nos encontramos. Esto es necesario si se necesita volver o para hacer interpretaciones. Tener indicaciones de carreteras o localidades cercanas también es aconsejable.

Las imágenes son algo fundamental. Los avances han permitido que podamos sacar fotografías casi hasta con el reloj (todo se andará), pero una de las dificultades de la fotografía geológica es su interpretación. Aquellas fotos en las que se ve un pliegue perfecto, una secuencia estratigráfica o una falla son espectaculares, muy vistosas, pero escasas. Lo habitual es que veamos una foto geológica y no entendamos nada salvo que nos expliquen lo que hay con un subtítulo o un esquema. Lo mismo ocurre con las fotografías de terreno, donde una descripción es válida, pero un dibujo donde se pongan puntos de referencia y se dibujen las estructuras es ideal. No importa el tiempo que nos lleve ni la capacidad de dibujo que tengamos, cuando esto nos ayude al repasarlas cuando nos hayamos olvidado de lo que quisimos plasmar.

Luego están los colores. Personalmente me gusta pintar los dibujos, pero también marcar fechas, coordenadas, fotografías o muestras, sobre todo al volver a revisar los apuntes. Y una última recomendación, repasar los apuntes en cuanto se pueda. Si es al final del día, mejor, por muy cansados que estemos. Podemos hacer una visión del día, hacer una interpretación y completar con algún aspecto que se nos haya olvidado apuntar. Es nuestro trabajo y cuando mejor este, mejor será lo que acabemos haciendo.

No me olvido

Durante los dos últimos años no he podido actualizar todo lo que he podido este blog y me siento un poco culpable por ello. Por esa razón creo conveniente, como decía el alcalde de Villar del río en “Bienvenido Mister Marshall”, interpretado por José Isbert, os debo una explicación.

Tras vuestra búsqueda en google, durante este tiempo cada día he tenido presente el proyecto que supuso este blog al principio. Sentí, cuando empecé, la necesidad de hablar de geología, un tema que me apasiona, que es mi profesión y que me da de comer desde hace tiempo, y que por diferentes razones, principalmente por desconocimiento, pienso que no es tratada de la manera oportuna ni lo que logran sus profesionales día a día.

Pero todos tenemos una vida y esta vida afecta a todo lo que nos rodea.

En estos dos años han pasado muchas cosas en mi vida. Me he sentido engullido en un torbellino disparatado, a veces gris, otras blanco, unas cuantas veces negro, pero nunca dándome por vencido, viendo encima de mi mesa la libreta negra donde apunto todas las ideas para el blog.

En este tiempo he pasado por un momento personal duro (unido y fuertemente ligado a lo profesional) del que parece que he salido. Pero también ha sido productivo.

La última actualización fue la misma semana donde presentaba mi trabajo de revalidación de título en la Universidad de Chile. Sí, lo aprobé incluso metido dentro de ese torbellino tras mucho esfuerzo, sudor y lágrimas (muchas, diría yo).

Pero en este tiempo he escrito y mucho. Dos libros y un cuento. Páginas y más páginas en las que evadirme de la realidad. Uno de ellos ya está en Amazon (aquí el enlace) el otro se encuentra en talleres porque quiero que mi Lamborghini ruja como yo quiero. El cuento en un tiempo sabré que es de él.

En lo profesional ha habido altibajos. Me he sentido como Han Solo, Luke Skywalker, Chewbacca y Leia (te echaremos de menos Carrie) en el compactador de basura de la Estrella de la muerte, con mierda hasta los tobillos y con las paredes cada vez más cerca. Pero también he tenido a mi C3PO y a R2D2 (vale, Sitripio y Arturito) que me ayudaron a salir de allí.

Como veis no he parado, pero no me he olvidado de este blog. Ojala pronto (espero que pronto) vuelva con historias de la geología, datos y curiosidades que nos ayuden a todos a conocer algo más sobre esta ciencia que está en este mundo y por el universo. Hasta ese momento, disfrutad con lo anterior.