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El final del principio

Todo tiene un inicio y tiene un final (o lo tendrá). Para mí ha llegado el final de una era, de uno de esos tramos de la vida, que a veces parece funcionar como una carta Gantt. El momento de dejar la que ha sido mi casa laboral durante seis años llegó.
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GeólogAs en la ciencia

Hoy es el día de la mujer en la ciencia y por esa razón las geólogas van a ser las protagonistas de este blog. Contacté con varias de ellas para que respondieran a unas preguntas y así dar a conocer su visión de diferentes ángulos de sus carreras y de las mujeres en la ciencia, y su respuesta ha sido magnífica. Finalmente ha quedado esta entrada, que puede parecer larga, pero os aseguro al 100% que merece la pena (y si no, os devuelvo el dinero).

Desde aquí agradecer a todas ellas haber accedido a esta pequeña propuesta. Y si queréis dejar algún comentario, lo podéis dejar al final del texto. Ahora disfrutad de sus respuestas.

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Planificar un terreno

Llega el momento en el que preparas tu mochila y la cargas de todo lo necesario. Repasas una lista (ya sea mental o escrita) de todo lo que vas a necesitar y en cuanto cierras la última cremallera sientes un escalofrío por todo tu cuerpo. El día en el que vas a salir a trabajar al campo ha llegado.

Pero hasta alcanzar ese día existe mucha preparación. Para aquellos que pasamos por la universidad y pasamos por las prácticas de campo, conocemos esa sensación que supone el cierre de la mochila para al día siguiente trasladarse al lugar que patearemos para entender algún aspecto geológico. Lo que no nos cuentan, o no queremos saber, es todo lo que pasa antes de llegar a ese momento.

Ya he contado otras veces que los trabajos en terreno son, en la mayor parte de las ocasiones, la base fundamental del trabajo de un geólogo y el trabajo posterior en los siguientes meses e incluso años.

Para poner un poco de luz en todo esto, y ahora que he estado preparando mi siguiente salida, es fundamental entender el encaje de piezas que hay que hacer para que todo salga de la forma más satisfactoria.

Antes de que toda la maquinaria se ponga en marcha hay que conocer dos cosas primordiales. La primera puede denominarse como la parte de ilusión del proyecto que es el objetivo que esa salida a terreno tiene. La imaginación vuela pensando en lo que se quiere lograr a partir de todo lo que se obtenga durante y después de ir al campo. La segunda, la que denominaremos como la bofetada de la realidad, es el presupuesto, que nos hace ver que no podemos llevar un sondista, un todoterreno de última generación y que nos alojaremos en un hotel cinco estrellas a cien metros del afloramiento.

Con esta perspectiva es como debe encajarse todo lo que vendrá posteriormente.

Lo ideal es que se comience la planificación de la salida con meses de antelación. Lo primero de todo es saber lo que nos vamos a encontrar allí consultando toda la bibliografía que podamos sobre el objetivo que vamos a tratar. Por supuesto, esperamos que lo que vamos a estudiar no lo haya estudiado nadie antes o que al menos lo que vamos a hacer sea una contribución que permita avanzar en el conocimiento del área o de algún aspecto en particular.

Con todo esto definido y el presupuesto aceptado (siempre hay que esperar algún recorte), queda preparar el equipo humano con el que se va a trabajar. Es posible que la situación solo requiera la participación de un equipo humano de una misma área, departamento o cualquier otra división. Esto simplifica bastante el asunto. Pero en cuanto entran varios grupos entonces hay que emplear un tono conciliador, negociador y hasta político (pero sin la parte de mentir ni la de los sobornos). Es necesario presentar con claridad el proyecto y escuchar (mucho), porque surgirán ideas, propuestas, objeciones y entonces el que este dirigiendo todo acabará por volverse loco. Los psicólogos prácticamente viven por las sesiones con esta gente.

Por supuesto los objetivos evolucionarán para contentar a todos, pero nuestra idea central continuará ahí, tal vez algo más empequeñecida, pero siendo el alma de todo.

Alcanzado este punto nos llega el aspecto logístico de todo. Esto puede llevar al traste todo el trabajo anterior en tan solo un pestañeo y casi siempre depende más de terceros que de nosotros mismos.

Lo fundamental es donde acabaremos durmiendo durante los días que dure esa campaña. Este no es un aspecto menor, porque si vamos a estar durante varios días (incluso semanas) trabajando de seguido, que cuando llegue la noche acabemos recostados en un colchón con sus sábanas y manta o hacerlo metidos en una tienda de campaña con una piedra clavándose en la espalda bajo la esterilla, existe una gran diferencia. El tener uno u otro escenario no siempre lo marca la posibilidad económica sino el propio lugar donde vamos a realizar nuestro estudio. En España resulta impensable realizar acampada libre (que además es ilegal), porque se puede acceder a cualquier lugar con facilidad, pero cuando se trabaja en la cordillera de los Andes, donde la población más cercana puede estar a más de dos horas en vehículo, puede marcar la diferencia poder hacer un campamento.

Todo esto condiciona la comida. Aunque el bocadillo será el aliado fiel cuando el león que habita en el estómago empiece a rugir, desayuno y cena serán las comidas fundamentales (yo me he llegado a comer tres platos de espaguetis para cenar y sin inmutarme), por lo que es necesario cubrir esto con fuertes índices de calorías.

Con la cama y la comida queda definir el transporte. Ahora hay caminos para todos lados y las camionetas 4×4 son aliados del geólogo para atravesar el terreno a mayor velocidad. Lejos parece quedar cuando se iba a todos los lados a pata o incluso a caballo. Lo cierto es que no es una media verdad. Los caballos a veces siguen siendo necesarios en áreas muy recónditas (con lo que esto supone para mantener a los sufridos animales) y las botas son una herramienta más en el trabajo para recorrer el terreno sin sufrir las temibles ampollas, junto con la ropa adecuada, otro de esos materiales que tienen que encajar dentro de todo el puzle.

Bien cubiertas a las personas ahora tenemos que pensar en el trabajo. Además de los conocidos martillo y brújula, que podrían servir como personajes de dibujos animados, se necesitan materiales adaptados a los objetivos. Los petrólogos llevaran sus bolsas para muestras (bueno, casi todos), los hidrogeólogos sus botes para llevar el agua, los geofísicos las marañas de cables y sus aparatos para medir, los cartógrafos sus lapiceros de colores…

Ya tenemos al personal contento, con su colchón, su estómago reabastecido de manera puntual, un modo de desplazarlos, con ropa y materiales de trabajo, pero queda algo terrible, truculento, capaz de hacer saltar las lágrimas de desesperación hasta a la mismísima Montaña de Juego de Tronos. Pronunciar estas palabras puede llevar a los pocos preparados administradores de los terrenos a jurar en arameo y moverse rítmicamente en una silla hablando con un idioma inteligible. Se trata de “los trámites administrativos”. En cada país, en cada circunstancia de estudio, incluso en donde trabajemos, tener el papel oportuno y con todo en regla será indispensable para recibir la última firma que nos autorice coger esa mochila y ponernos a estudiar el terreno.

Por todo esto y por cada cosa en particular, ese escalofrió que recorre el cuerpo tras cerrar la última cremallera no es solo satisfacción sino también descanso al unir todas las piezas, a veces recortando un poco el borde, pero quedando bonito.

Una cuestión de escalas

Cuando le pides a alguien que se ponga para una fotografía, normalmente lo hace muy ilusionado, queriendo ser parte de la imagen que quedará para la posteridad de un acontecimiento, un lugar o solo por decir “yo estuve allí”. Pero cuando te lo pide un geólogo tienes unas altas probabilidades de que la petición sea para convertirte en escala.

Las escalas en una fotografía geológica son bastante importantes, incluso en aquellas que se sacan desde un microscopio, porque facilita a las personas que las miran obtener una perspectiva del tamaño de lo que están mirando. Pero mi crítica es que en muchas ocasiones se utilizan escalas que no todo el común de los mortales puede entender. Si no, no tendría sentido escribir sobre ello.

Hay tres tipos de fotografías que se pueden realizar en terreno que se pueden separar en macro, media y general. La macro trata de escenificar aspectos particulares de un yacimiento o de una roca, como puede ser un mineral, una roca o una estructura. La media es algo más ampliada que la macro y tiende a ser una referencia para ver contactos, definir texturas o fracturaciones. La general es la más amplia, donde se puede representar un yacimiento completo o una serie de estructuras a mediana escala.

El problema es que en muchas ocasiones se utilizan escalas que no sirven de buena referencia para todo el mundo.

Lo que he indicado al principio de este artículo puede que sea el primero de los errores y probablemente el más perdonable de todos. Que una persona se coloqué junto a un yacimiento para servir como referencia es lo más normal del mundo. Pero no todos somos iguales en altura o en tamaño, una referencia que para mí, personalmente, es un problema, ya que no soy capaz de averiguar tallas sin más. Pero eso es un problema aparte.

Mi estatura se podría calificar como normal (1,71 m), pero tengo compañeros y compañeras por debajo y por encima de esta estatura. Si bien, un hombre actualmente tiende a tener unos 1,74 m de altura de promedio, esta altura no siempre ha sido la misma a lo largo de la historia y actualmente estamos alcanzando las cotas más altas. Por lo tanto sería conveniente indicar el tamaño de la persona en la escala, a modo de referencia.

Otros apéndices humanos utilizados en fotografía son las manos, que como la estatura, son muy diversas. Todos recordamos los dedos regordetes de algunos compañeros o los de otros alargados, parecidos a palos atados a un muñón.

En cuanto a los planos medios, la herramienta más utilizada es sin duda el martillo. El monopolio de Estwing (alguien debería mirar esto) hace que todos los que nos dedicamos a esto sepamos exactamente como es un martillo y sus dimensiones, por lo que no suelen existir problemas en este sentido.

Cuando alcanzamos las fotografías macro entonces llegamos a una cuota de escalas cuyo límite solo puede ser la imaginación de las personas que vayan a hacer la fotografía y lo que tengan a mano.

Como escala se han utilizado bolígrafos, lapiceros (tanto mordisqueados como no), gomas de borrar, tapas de cámaras fotográficas, dedos y por supuesto monedas. Creo que no hay moneda en el mundo que no haya sido utilizada en una fotografía geológica. Desde las pesetas (perdidas por cajones y abrigos viejos), pasando por todas las gamas de Euros o los diferentes centavos de dólar (u otra moneda).

La variedad de diámetros y dimensiones que pueden tener es tan amplia que prácticamente se podría representar cada tamaño desde unos pocos milímetros a varios centímetros. Además la localidad es un factor importante en estas escalas. Un chileno utilizará normalmente la moneda de 100 pesos nueva (de igual tamaño al euro), mientras que un español podría utilizar una moneda de cinco céntimos para definir el diámetro de minerales. Para cada cual sería sencillo meter su mano en el bolsillo y ver el tamaño, pero cuando no se está familiarizado con los tamaños se pierde la perspectiva o se debe hacer una búsqueda por internet.

La solución es sencilla. En las fotografías que representen amplios planos tan solo sería necesario decir cuánto mide la persona colocada como escala (sin mentir mucho). Para las de medio podría servir el martillo, dada su casi total utilización del mismo modelo a lo largo de todo el mundo, pudiéndose utilizar una segunda opción que también valdría para las fotografías más cercanas.

Las tarjetas escalas son algo muy útil y que evita todos estos posibles problemas. Son como una tarjeta de crédito y ocupan incluso menos. Caben en el bolsillo o en la libreta y la capacidad para llevar información es grande, no solo unas escalas en centímetros y pulgadas, sino también granulometría, clasificaciones petrológicas, etc.

Fuente imágenes:

http://luirig.altervista.org/pics/index4.php?search=Isoclinally+folded+quartzite.+Maria+Mountains.+Coin+for+scale…&page=1

http://imgur.com/dqUXlVn