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Los siete minutos de terror

Aún un humano no puede llegar a Marte y por ello se envían sondas al planeta para estudiarlo en terreno. Pero que lleguen sanas y salvas no depende solo de un viaje largo sino de un aterrizaje perfecto. En este video se muestra como el próximo robot que llegará al planeta alcanzará (esperemos) su superficie el 5 de agosto de 2012. Está en inglés, pero resulta sumamente gráfico.

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El nacimiento de los planetas

Han pasado varios miles de millones de años. Ahora el universo ha dejado de ser un juguetón niño que manejaba a su antojo la materia, creando inmensas estrellas que consumían su combustible con rapidez. Los elementos han ido creándose en el centro de estos gigantes inimaginables y es momento de que el niño se haga adolescente y haga evolucionar su concepto de estrella y genere unos compañeros que la acompañen en su vida.

Las estrellas, todas, nacen de una nube de gas y polvo. Muchas de ellas aparecen a partir de los restos de sus abuelas, muertas hace tiempo, e incluso estas mismas provocan que con su último suspiro se generen zonas de mayor densidad en estas nubes multicolor. A partir de un punto más denso, como desde millones de años antes ya estaba ocurriendo en el universo para que se crearan otras estructuras, aparece un disco girando y al que progresivamente se va acumulando materia.

Los elementos se distribuyen dentro de este torbellino, amalgamándose el hidrogeno, el helio y otros elementos en el centro del torbellino donde la presión y una densidad cada vez mayor, producirá un aumento importante de la temperatura hasta que se encienda una mecha que provoque la primera fusión y la estrella nacerá.

La materia que no sucumbe a este encendido queda girando alrededor de la recién nacida. Algo que ocurrió hace 4.600 millones de años en el sistema solar.

La materia más ligera es empujada a las zonas más externas del sistema por el primer viento solar, donde nacerán los gigantes gaseosos, Jupiter, Saturno, Urano y Neptuno, y en la zona más interna quedará la materia más pesada y que constituirá los cuatro planetas interiores, Mercurio, Venus, Tierra y Marte, y un cinturón de asteroides, que conformará una especie de frontera entre los hermanos planetarios.

La formación de los planetas interiores o terrestres, al estar formados por materia solida, se denomina acreción. Es un proceso en el que cuerpos sólidos, conocidos como planetésimos van chocando y uniéndose. A medida que los planetésimos ganan masa aumenta su gravedad y su poder de atracción sobre otros menores que se verán abocados a chocar contra estos y unirse para formar poco a poco una masa cada vez mayor. En su interior el calor fundirá las rocas e ira dividiendo el interior, creando un núcleo de hierro y una capa a su alrededor formada por silicatos, algo en común en los cuatro planetas del sistema solar.

Todos estos aspectos son importantes, pero aún es más que cada uno de ellos posee una geología, o más bien planetología, diferente. La dinámica de las rocas en Mercurio no es igual a la de Venus, ni tan siquiera a la de La Tierra y no digamos a la de Marte. Cada uno posee una personalidad muy marcada tanto por su creación como por la evolución que ha sufrido desde entonces.

Por lo tanto la geología es un factor importante para configurar cada planeta a la vez que cada planeta configura una geología particular por sus características propias. Este aspecto será crucial para que la vida sobre la Tierra no solo naciera, pero si evolucionara.

 

El yeso en Marte implica nuevas condiciones geológicas

Hace unos días, la NASA publicaba el descubrimiento de una capa de 1 a 2 centímetros de espesor de lo que podría ser yeso, tras los análisis realizados con el espectrómetro de rayos X del rover Opportunity, su descubridor, que detectó la presencia de calcio y sulfato, con la posibilidad de agua en su composición, que si es suficiente, nos daría el sulfato cálcico que forma el yeso.

La capa, bautizada como Homestake , se encuentra en el borde del cráter Endeavour, y es la primera vez que se detecta en esta planicie de 30 kilómetros, que el rover Opportunity lleva explorando los últimos 7 años. Pero no es la primera vez que se detecta este mineral en Marte. Observaciones desde la órbita del planeta, detectaron en el norte formaciones de yeso muy similares a las existentes en dunas del estado de Nuevo México.

La importancia de encontrar yeso en Marte no solo por reconfirmar la existencia de agua en el planeta hace millones de años, si no que implica unas condiciones de formación anteriormente no vistas y que podrían haber sido compatibles con la vida. Estas condiciones, a diferencia de las de otros minerales de base sulfatada ya detectados (como hematites), implican un medio acuoso con una acidez baja y una cantidad apreciable de agua para su depósito, puesto que el yeso es un mineral que se deposita en las fases intermedias a finales del proceso de colmatación de una cuenca sedimentaria.

Erosión solar

Cuando hablamos de erosión lo primero que se nos viene a la cabeza son los efectos que causan el agua y el viento, en sus diferentes versiones, sobre las rocas, siendo parte de los factores de la evolución geológica de nuestro planeta. Pero cuando elevamos la escala de este proceso evolutivo, y nos dirigimos a otros astros rocosos, entran en juego otras formulas erosivas.

Con solo mirar hacia el cielo cualquier luminosa noche, podemos observar nuestra Luna, un satélite basáltico cuya evolución geológica parece muerta desde hace unos cuantos millones de años, pero cuya erosión continua activa. No, no es que se haya descubierto grandes ríos procedentes de alguno de sus cráteres, ni tampoco violentas tormentas que levanten su polvorienta superficie.

Para comprender la erosión que se produce en su superficie debemos desplazarnos ciento cincuenta millones de kilómetros, directamente a nuestro Sol. Desde el astro rey se producen una serie de tormentas solares que eyectan una intensa ráfaga de viento solar, compuesto por corrientes de gas conductor, denominado plasma, en forma de nubes con toneladas de este gas y de un tamaño que puede llegar a ser como nuestro planeta. Estas nubes se desplazan a miles de millones de kilómetros por hora hasta impactar con aquello que se ponga por el medio.

A la Tierra no la afectan directamente, debido a que el campo magnético nos protege y se quedan en espectaculares auroras. Pero cuando estas masas chocan contra la Luna o Marte, que no poseen un campo magnético global, ven como su superficie es impactada y es arrastrada una gran cantidad de material e incluso la causa de la pérdida de su atmosfera, como es el caso de Marte, donde, salvo zonas puntuales, no posee un campo magnético global que  lo proteja. Pero tranquilos, las huellas de los astronautas de las misiones Apolo aún no se borraran. Para eso se necesitaran muchos más años. Muchos más millones de años.