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Un paseo por los salares

En el verano anterior a que comenzara la carrera, mi tío me invitó a pasar unos días con él. Por aquel entonces vivía en Alcazar de San Juan (Ciudad Real, España) y durante más de dos semanas me llevó a varios lugares de la región de Castilla la Mancha. Descubrí los ojos del Guadiana y los altos del Tajo, pero un pequeño lugar, tal vez no tan turístico y bello como los anteriores, me quedó fascinado por bastante tiempo.

En Mota del Cuervo (Cuenca) los ajos son su seña de identidad. Sus ristras de ajos son famosas y bellas a partes iguales, junto con un calor veraniego de esos que te golpean como un puño en el estómago. Mi tío había vivido allí por unos años y además de al pueblo me acercó hasta la cercana ermita de la localidad. Allí se encuentra la imagen de la virgen patrona, la Virgen de Manjavacas, un nombre bastante curioso. Pero cerca de la ermita, junto a la base de la loma que corona, un par de lagunas me sorprendieron.

Aquellas lagunas no eran como las de cualquier otro lugar. El calor de julio había hecho desaparecer todo el agua, pero donde debería haber grietas de desecación, como si el oasis seco de un desierto se tratara, había una capa de sal blanca que parecía nieve recién caída. Mis manos la tomaban y se deshacía entre mis dedos, cayendo en cristalitos brillantes hasta el suelo seco. Mis pies se hundían con facilidad, crujiendo hasta llegar al fondo.

RioHace unos meses he tenido la fortuna de ir a varios salares del norte de Chile y aquel recuerdo volvió a mi mente. Me encontraba ansioso por ver con mis propios ojos aquello de lo que tanto había leído y que me costaba ponerle rostro.

Y ahí estaba, ascendiendo una pequeña loma con el todoterreno cuando elLaguna roja salar de Pajonales apareció al otro lado. Inmenso, blanco, plano, con límites claros marcados por las ignimbritas y las faldas de antiguos volcanes superados por otros nuevos. Impresionante.

Sal y volcánDurante cuatro semanas, separadas en dos campañas, pude visitar hasta catorce salares diferentes y Pajonales solo fue el primero.

Lo sorprendente de los salares es su diversidad. Cada uno tiene aspectos que lo caracterizan inequívocamente, pero eso no quiere decir que sean únicos. Entre ellos también hay similitudes y aún más si se encuentran cercano uno de otro.

Sin duda la costra salina me sorprendió bastante. Mi primer contacto conFlamencos ella, en aquellas lagunas secas, no podía ser tan fuera de lo real a lo que vi en los salares. Mis botas apenas se hundían en el terreno y solo en las zonas cercanas al agua podía notar cómo me hundía sin arriesgarme a más. Incluso costras antiguas hacían que me esforzara más para caminar sobre ellas, con formas irregulares, levantadas por la sequedad y moldeadas por el viento fuerte que sopla en aquellas alturas.

La cantidad de agua también fue una sorpresa. Cuando uno piensa en un salar piensa en sequedad en que no va a encontrar agua, y aún más si se encuentra en el desierto de Atacama, el más seco del mundo. Pero había agua, y mucha, cargada con sales disueltas que se pegaban a la mano en cuanto uno la introducía en sus frías aguas, algunas de ellas con hielo. Pero sin duda era lo mejor. Aguas cristalinas, capaces de enseñar el fondo a más de cuatro metros de profundidad, con colores diversos, que pasaban del turquesa, al rosado y al verde esmeralda de una laguna muy ácida.

AtardecerLa vida que existe en aquello lugares era sorprendente. Sin duda forman núcleos de vida en el único lugar con agua y de forma abundante. Manadas de vicuñas asustadizas, patos, perdices, gaviotas del atacama y una gran cantidad de flamencos, danzantes en esas aguas someras, filtrando con sus picos las aguas cargadas de microorganismos.

Fue una experiencia sin igual, con cientos de fotografías sorprendentes en un paisaje que jamás pensé que vería con mis propios ojos, en medio del silencio, rodeado de volcanes, con una laguna frente a mí y la sal bajo mis pies. Inolvidable.

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Salares y su formación

La formación de salares supone el paso final para una cuenca de sedimentación, un último suspiro de belleza blanca, si se permite la licencia poética.

Pero para llegar a esa belleza efímera, geológicamente hablando, debemos contemplar las extraordinarias condiciones que se tienen que cumplir para que la sal se deposite y conforme estos mantos en las cuencas. Los salares más representativos se encuentran en Sudamérica, en el trió de países que conforman Argentina, Bolivia y Chile, siendo este último el que mayor cantidad de salares presenta en su territorio, pero no con el mayor, cuyo privilegio ostenta Bolivia y su salar de Uyuni.

Los salares necesitan tres premisas básicas. La primera es el aporte de material que puede provenir de distintas fuentes, las cuales pueden ser rocas de origen volcánico, rocas sedimentarias e incluso de salares previos.

La segunda es que estos aportes de agua con compuestos disueltos lleguen hasta una cuenca con escasa o nula salida, zonas lacustres intracontinentales y no conectadas con el océano de ningún modo.

La tercera, y casi fundamental, es que la climatología sea árida, donde la evaporación sea muy superior a los aportes procedentes tanto de escorrentía superficial y subterránea y la de precipitaciones.

En el caso de Chile las condiciones se ven favorecidas en el Norte del país, donde el régimen de lluvias es muy escaso, con el desierto de Atacama como principal protagonista, y una configuración morfológica originada por el proceso de subducción de la placa de Nazca (oceánica) bajo el continente. El paso del tiempo elevó los Andes iniciando un proceso de erosión de estas nuevas montañas, pero a su vez se conformó la denominada cordillera de la costa, una barrera infranqueable para los ríos provenientes desde la cordillera, configurando el valle central, donde los salares comenzaron a formarse.

Con una cuenca cerrada a cualquier salida y con una evaporación fuerte, pronto se empiezan a dar los primeros depósitos de sales. Por regla general la evolución de minerales que se depositaran seguirá un orden lógico, según el quimismo de la solución salina y su concentración de elementos. Los primeros en depositarse será el CaCO3, carbonato de calcio en forma de cristales de calcita. Le seguirá el yeso, como sulfato de calcio dihidratado (CaSO3 2H2O), y por último la halita o cloruro de sodio (ClNa). Este es el esquema ideal, pero la realidad es otra muy diferente, pero eso ya lo comentaré.

La aparición de los salares tiene una serie de implicaciones mucho más allá de las geológicas. Si pensamos un poco nos damos cuenta de que vienen a ser depósitos provenientes en algunos casos de rocas recientes, como es el caso de rocas volcánicas, las cuales están enriquecidas en elementos raros que se van a concentrar en estos puntos tan particulares del planeta. Con tan solo bucear un poco en este aspecto puedes saber que en solo dos salares, que son del Uyuni de Bolivia y el de Atacama en Chile, se concentra el 90% de las reservas mundiales de Li, un metal, considerado no metálico, estratégico en este siglo XXI. Así que la próxima vez que uses el móvil o el portátil, piensa que la sal ayuda a almacenar la energía para que puedas leer esto.