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El número 12 de los Seahawks lo vuelve a hacer

Estamos en semana de Superbowl. Millones de personas se sentarán el próximo domingo a ver la final de fútbol americano, el acontecimiento deportivo más seguido año tras año sea cual sea el rincón del planeta en el que queramos fijarnos.

Este deporte tan yanky me tiene enganchado, he de confesarlo, y el año pasado conseguí juntar esta pasión con la geología. Y este año repito.

En la anterior ocasión hablé sobre como la afición de los Seahawks de Seattle provocaron un terremoto a medida que el Runningback Marshawn Lynch iba derribando jugadores de los New Orleans Saints en un carrera frenética que le llevó hasta la zona final del campo para anotar un touchdown que a la postre los haría pasar a la siguiente ronda de los playoffs.

Este año la afición del Centurylink, el estadio de los capitalinos del estado de Washington, al noroeste de EEUU, ha vuelto a producir un nuevo terremoto y esta vez mucho mejor registrado y más potente que el producido por Beast mode, el sobrenombre de Lynch.

Pongámonos en antecedentes. 18 de enero de 2015. Seattle. Día de partido. La gente va llegando al estadio y poblando las gradas con el azul oscuro de las camisetas del equipo local. Algunas motas de verde aparecen dispersas entre el gentío. Rara avis entre esta marea que anima a su equipo hasta dejar sordo al rival, literalmente. Hoy no se juega no solo una victoria sino el campeón de la NFC y por lo tanto el ticket directo para jugar la Superbowl en Arizona dos semanas después. En frente los Green Bay Packers (mi equipo), liderados por Rodgers, su Quarterback, y que parte en inferioridad según todas las apuestas.

hall.seahawks2015GBPero en las entrañas del estadio hay algo nuevo. Investigadores de la Universidad de Washington han colocado en diferentes puntos sismógrafos para medir la respuesta de la afición durante un partido que se espera apasionante. Estamos ante el mejor Quarterback de la liga (Rodgers) frente a la mejor defensa defendiendo los pases, liderada por Richard Sherman, Cornerback.

Los equipos salen al campo y suena el himno nacional, algo infaltable en un evento deportivo en EEUU. Se produce el sorteo y recibirán el balón los Packers. Empiezan tres horas apasionantes de partido.

El ataque de Green bay comienza bien. Se mueve con facilidad. En la proximidades de la zona de anotación Rodgers suelta el balón a su receptor del lado derecho. Todo bien hasta que Sherman intercepta. Los sismógrafos se vuelven locos. Estamos ante el primer registro.

Pero dicen que poco duran las alegrías en la casa del pobre y en el primer cuarto el ataque de los Seahawks parece desconocido. Green bay anota dos field goalds, los tiros entre los palos que se conocen en rugby, y un touhdown. La ruidosa afición de Seattle parecen humildes gatitos frente a la leonera que suele ser el estadio. En el segundo cuarto las cosas no mejoran y al descanso se acaba con un 19-0 a favor de los foráneos.

Seguramente en este punto los investigadores de la universidad debían estar jurando en arameo o más bien en inglés. Su gozo de estudiar a la afición más ferviente de toda la NFL (perdón Kansas) se encuentra en el fondo del pozo más profundo existente en el universo.

Pero quedaba una segunda parte. La locura convertida en realidad.

Aunque el ataque local no parece el de siempre, empieza a verse luz al fondo del túnel. Con más dificultad de lo habitual llegan hasta el field goal reach (distancia que se considera óptima para intentar patear el balón entre los palos). Las dos líneas, ofensivas y defensivas, se encuentran en frente. La pierna del kicker preparada para anotar los primeros puntos para su equipo. Tres pasos atrás, dos al lateral, mirada a su destino y luego al punto donde se situará el balón. Con una sola mirada empieza la jugada.

Pero se trata de una jugada de engaño. El punter, que espera el balón para colocarlo en el suelo para que el kicker lo patee, lo toma entre sus manos. La defensa de los Packers está desconcertada y van como perros sarnosos a por él, pero en un rápido movimiento lanza el balón a un compañero desmarcado y TOUCHDOWN.

La locura en las gradas y las agujas de los sismógrafos bailando samba. Y todos con el run-run de que todavía queda un cuarto para que acabe el partido. Quince minutos en lo que todo es posible.

Pero el tiempo pasa. Green bay anota un field goal y se alejan en el marcador, al igual que el sueño de repetir por segundo año consecutivo en la final del campeonato. Pero algo que tienen los Seahawks es que nunca se rinden por muy perdido que se encuentre todo.

Mucha gente abandona el estadio mientras el ataque local trata de hacer el imposible con menos de cinco minutos en el marcador. Todo se vuelve alocado. Parece que los jugadores por fin se han despertado de una siesta de 55 minutos y sus contrarios han encontrado sus sabanas calientes. En poco más de un minuto se plantan en la yarda uno de su rival y consiguen anotar otro touchdown.

La gente alza la vista al marcador mientras baila en las gradas. Quedan poco más de dos minutos por jugar y lo único que los podría salvar es un milagro o un fallo del rival. Ante esta tesitura solo queda practicar un onside kick y Green bay falla en su recepción. La grada se vuelve loca. Los que habían perdido la fe vuelven esperanzados en que su dios Lynch vuelva a ser milagroso en su templo dominical. La afición se vuelve loca. Anima impulsados por el eslogan de su presidente: Yes we can.

Balón en la manos de Lynch y se recorre 24 yardas para alcanzar la zona de anotación. TOUCHDOWN y se encuentran un punto arriba en el marcador. Los cimientos del estadio se resienten y las agujas podrían escapar en cualquier momento de aquel tormento a la que les están sometiendo. Y van a por dos puntos adicionales. El todo por el todo. A asegurar que los contrarios tengan que arriesgarse.

Si existe una jugada circense durante esta temporada, quizá sea esta. El GBvsSEA_HWK2Quarterback de Seattle, Wilson, escapando de los rivales que tratan de placarlo, pero sin soltar el balón en ningún momento, bailando de un lado a otro, hasta que el balón sale propulsado. Vuelva, vuela. Y allí estaba Willson, que salta y con ambas manos toma el ovoide y transforma la conversión de dos puntos.

Algún sismógrafo debió de estallar en ese momento. Si con Beast mode unos años atrás, se alcanzaron los casi 2 grados, en esta ocasión se sobrepasó con creces este registro en lo que se ha denominado como Dance quake.

La heroica hace que Green bay, totalmente desaparecido hasta entonces consiga anotar un field goal y empatar el partido a pocos segundos del final. Tocaba tiempo extra.

Momento de mirarse a cara de perro. Quien fallara se iría a casa a ver la Superbowl en el sofá. El ganador debería comprar los pasajes a la árida Phoenix.

Sorteo. Gana Seattle. Si anota un touchdown se acabó el partido.

Impulsados por la remontada, el ataque resulta una apisonadora. Wilson conecta los pases que antes no lograba. 8 yardas por aquí, otras 35 por allá. A la velocidad del rayo y yo, en mi casa, a punto de arrancarme los pelos de la cabeza. Entonces llega el momento definitivo, la puntilla para los aficionados queseros de Green bay (queseros es como colchoneros para los del Atlético). Wilson lanza un pase profundo y encuentra las manos de un receptor. TOUCHDOWN.

La remontada se completa. Seattle vibra. El Century link debe de saltar varios centímetros (o pulgadas) y los sismógrafos que quedaban vivos explotan con una lluvia de confeti.

Supongo que los investigadores de la universidad de Washington, Malone y Kelley Hall, publicaran algún artículo científico, tal y como ocurriera con el Beast mode. Hasta ese momento solo queda disfrutar de la Superbowl XLIX y que les den dinero para comprar nuevos aparatos.

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Pensar en el futuro

En ocasiones nos gustaría conocer el futuro, saber que nos ocurrirá esta tarde, mañana o el próximo año, como si fuéramos Marty McFly con un DeLorean, pero eso le restaría salsa a la vida.

Como no es posible saber el futuro, ya que todos ganaríamos la lotería todas las semanas, solo se pueden realizar suposiciones sobre lo que nos ocurrirá a partir de los datos que tenemos ahora y sobre las acciones que tomaremos en el futuro. Podemos suponer como se desarrollaran nuestros estudios si nos ponemos a estudiar todos los días, o que ocurrirá si decidimos llegar todos los días media hora tarde al trabajo.

En geología también se ha planteado que ocurrirá en el futuro del planeta. Aquí no entran plazos de uno, dos o cinco años. Hay que hablar de millones de años.

Hay determinadas cosas que ya sabemos que ocurrirán. El Pacífico va a seguir haciéndose cada vez más pequeño, cediendo el trono de mayor océano al Atlántico, que con su empuje desde la dorsal central favorece este estrechamiento.

Japón llegará a unirse con el Asia continental, al igual que todas las islas del Índico, conformando en el futuro las cimas de una cordillera que recorrerá todo este cordón. Y África seguirá hacia el norte hasta chocar con Europa, que acabará muy perjudicada en todo este cocktail de cortezas y placas tectónicas.

El mapa resultante final es más complicado de definir, desde que en 1992, un geólogo sudafricano fuera desafiado a determinar cuál será el modo en el que las placas tectónicas volverían a formar nuevamente un supercontinente.

En la actualidad se definen tres modelos posibles.

El primero es denominado nueva Pangea. En este modelo todos los Supercontinentescontinentes se desplazan hacia el norte geográfico. Sudamérica ha rotado hasta chocar el actual Perú con la costa este de EEUU. Alaska ya no está separada por el estrecho de Bering con Asia y Australia y Antártida ahora se encuentran en donde antes se encontraba el océano Pacífico. África también ha rotado, empujando la península Arábiga y cerrando el mar Rojo y el golfo Pérsico, además de partir Europa en dos, llevándose consigo a las islas Británicas, parte de Francia y la península Ibérica, que en ese momento serán las tierras continentales situadas más al oeste.

Un segundo modelo se denomina Amasia. Los continentes tienen una unión similar a la del primer modelo salvo porque la Antártida continuará en su misma posición en el polo sur del planeta.

El tercer modelo es ciertamente radical. Se denomina como Próxima Pangea y tiene como eje que el Pacífico no se estrechará tan rápido como se supone y el Atlántico desaparecerá antes, volviendo a unir, como habían estado millones de años antes, Europa, África y las dos Américas. Australia continuará en una posición similar, pero Asía chocará con ella.

En todos los modelos el nuevo supercontinente conformará un gran desierto. En los dos primeros el desierto será de hielo, puesto que la deriva llevará a la mayor parte de las tierras emergidas hacia latitudes altas, quedando pocas en latitudes ecuatoriales. El tercer modelo si plantea un supercontinente ecuatorial, similar a Pangea durante el Pérmico y que fue en parte responsable de la gran extinción masiva que se dio en este periodo, entre otras causas.

El futuro no está escrito, solo el pasado. La historio puede cambiar por diversas causas. Imaginad que de repente surge una dorsal en medio de Asia o en Sudamérica. La Antártida comienza a derivar hacia el norte sin control. Todo esto es geología ficción y seguramente no estemos en ese tiempo para saber si los pronósticos que unos locos por la ciencia hicieron en el siglo XXI aciertan en el siglo… creo que no hay números romanos para definirlo. Pensad que yo aún sigo esperando los coches voladores.

Una historia del este

Todo empezó en África hace 7 millones de años. En aquel momento las cosas empezaron a cambiar. Con la lenta cadencia con que las rocas se mueven impulsadas por las colosales fuerzas de la naturaleza, África comenzó a cambiar.

Volviendo la vista un poco más atrás en el tiempo, comprenderemos el comienzo de esta historia. Hacía mucho tiempo que ningún terreno se separaba de África. Lejos quedaba la separación con Sudamérica o con India. Había añoranza por Madagascar, pero tampoco se había ido tan lejos. Pero llegó un momento en el que África empezó a dividirse de nuevo.

Al este del continente empezó a surgir un rift, algo que solo augura que con el tiempo ese punto será un océano que separa dos cortezas continentales. Este proceso provocó la aparición de una gran falla y la formación de volcanes que construyeron una nueva cordillera. Este accidente geográfico fue clave para la parte este del continente. Al oeste la selva seguía extendiéndose como siempre, pero al este las precipitaciones se vieron drásticamente afectadas.

SabanaEl fin del régimen de lluvias normal, que permitía la supervivencia de la selva, provocó que el clima cambiara y con ello el ecosistema de selva, cambiando a lo que actualmente conocemos como sabana y que se caracteriza por planicies cubiertas de hierbas altas y escasos y solitarios arboles dispersos a lo largo del terreno.

En este ambiente los primates existentes en este ecosistema tuvieron que adaptarse. Ya no era todo tan fácil, donde los arboles estaban cargados de alimento fácil de conseguir y que además suponían una forma de protección ideal y rápida en las copas. Ahora el alimento estaba en arboles aislados y los depredadores tenían más fácil la posibilidad de cazarlos cada vez que se desplazaban para poder alimentarse.

Ante estas nuevas condiciones solo los mejores adaptados podían sobrevivir en este ambiente. Durante generaciones las transformaciones anatómicas supusieron un cambio fundamental para que nuestra especie se desarrollara en el planeta.

Las dos condiciones Evolución humanaprincipales para el cambio fueron el bipedismo y la obtención de un pulgar oponible. El bipedismo no era algo nuevo en la naturaleza para los primates, quienes en ocasiones caminan a dos patas para desplazarse de un lugar a otro. Lo que ocurrió esta vez fue transformándose de algo temporal a permanente, presionados por los depredadores, ocultos por las hierbas altas que ocultaban la visión de los primates primitivos y cuya única forma de vigilancia eran los arboles aislados o levantar la vista por encima de esta vegetación, algo que solo alcanzaban alzándose en sus patas traseras.

La transformación al bipedismo trajo consigo un cambio en la morfología de todo el cuerpo. El cambio fundamental fue en la cadera que debía adaptarse a un cuerpo erguido. Esto a su vez produjo un cambio progresivo en la columna vertebral, curvándose hasta ser la S actual para mejorar la dinámica corporal y modificar el punto de equilibrio del cuerpo, situándose aproximadamente a la altura del ombligo. Otro cambio se situó en el cráneo donde el foramen magnum pasó de estar en la parte trasera a moverse hasta la parte inferior, para conectar el cerebro y cerebelo con la columna vertebral y el sistema nervioso que en ella se alberga.

El otro cambio morfológico, la aparición de un pulgar oponible, producto de una mutación, permitía a las nuevas especies tomar con las manos elementos y utilizar mejor herramientas, algo que desde hacía mucho tiempo ya hacían, como bien lo demuestran los chimpancés y el uso de palos para “cazar” hormigas y otros insectos.

El momento en el que este proceso comienza fue hace 7 millones de años, donde el Ardiphitecus se separó de la línea evolutiva compartida con el chimpancé, nuestro pariente más cercano.

Poco a poco este género fue evolucionando hasta la aparición de los Australopitecus los primeros verdaderamente bípedos con diferentes especies a lo largo de un periodo de poco más de tres millones de años desde los 5,3 a los 2,3 millones de años con tres especies principales, la Africanus, la precursora, Afarensis, dentro de la que se incluye Lucy, posiblemente uno de los restos de la evolución humana más famosos, y los Anamensis.

Varias especies más de Australopitecus caminaron sobre el planeta mientras el género homo hizo aparición. El punto de separación, actualmente bastante controvertido, y que se fecha con la aparición de herramientas de piedra por parte del nuevo género hacer 2,5 millones de años.

excaliburLa aparición del género homo y la elaboración de herramientas, supuso el punto fundamental para que la especie humana progresara. Nuestro cerebro, nuestra única evolución realmente útil en nuestros cuerpos, tuvo una manera para expandirse que ninguna especie tuvo antes.

Un cambio en las condiciones del ecosistema es la mejor presión para la evolución. Para nuestra aparición todo se debió a que teníamos que mirar por encima del horizonte, necesitando cambiar nuestro cuerpo. Nuestras manos ayudaron a modelar herramientas y si queríamos que fueran cada vez más útiles solo los más inteligentes podían confeccionarlas. Un aumento en el cerebro, centro de nuestra inteligencia, conllevo que nuestros órganos se redujeran hasta un punto crítico, ya que el cerebro es un habido consumidor de energía y que cada vez era mayor. Un mayor cerebro implicaba un cráneo mayor, con problemas asociados en el parto por una cadera modificada a causa del bipedismo, que presionaba para que el conducto del parto fuera menor, empujando a que las hembras tuvieran vástagos con un cerebro suficientemente desarrollado, pero no autosuficientes como en algunos de nuestros antepasados primates. La necesidad de mayor energía impedía que nuestra dieta, basada en vegetales, continuara siendo la misma, implicando que se tuviera que ir aumentando la cantidad de proteínas animales, mucho más calóricas, haciéndonos carroñeros animales carroñeros hasta que nuestra inteligencia nos permitió ser cazadores.

Sin duda es una fortuna que existamos en este planeta. No tenemos garras, no corremos rápido, no somos los más fuertes y no somos grandes. No tenemos pelo que nos proteja del frio y desnudos en la naturaleza pocos conseguiríamos sobrevivir. Nos tocó la lotería y nos convertimos en los más ricos del planeta con solo un boleto.

La Tierra dentro de 100 millones de años

En este video se muestra como fue la evolución y como evolucionaran los contienentes para formar un mapa muy diferente al actual.