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Qué hacer en caso de terremoto

Entre las catástrofes naturales más impredecibles, la primera de todas son los terremotos por el simple hecho de que no se sabe nunca cuando va a actuar, pero en el momento en que nos vemos envueltos en su ondulante paso, pocos sabremos reaccionar, salvo que durante nuestra vida pasemos mucho tiempo en lugares con fuerte sismicidad.

triangulo4Tratar con un terremoto se puede dividir en tres fases diferenciadas: una previa, el terremoto y el post-terremoto.

Si vivimos o nos trasladamos a una zona donde los terremotos están a la orden del día, es necesario hacernos con una serie de accesorios básicos de supervivencia. Si vamos de vacaciones no creo que sea necesario. Normalmente hoteles, hostales y otros lugares de residencia cuentan con los implementos básicos ante estas situaciones.

El primero de los elementos que tenemos que adquirir es una linterna y no, no vale la del teléfono. La linterna puede ser a baterías, por lo que deberemos tener una reserva de estas por si se agotan las que tenemos, o bien podemos optar por las de carga manual. En ambos casos debemos tenerlas en buen estado y sabiendo que funcionan.

Lo segundo a tener en cuenta es agua potable. Lo mejor es tener una pequeña reserva de agua embotellada, que se puede guardar en cualquier lado y que nos asegurará su buen estado al encontrarse sellada. Es importante porque si la linterna nos sirve por si el suministro eléctrico falla, el agua nos permitirá subsistir frente a rotura de cañerías y el desabastecimiento de agua potable. Recordad que podemos pasar más tiempo sin comer que sin beber.

Lo tercero es tener comida enlatada y frutos secos. Esto nos permitiráSISMO alimentarnos durante el tiempo en el que ante una situación grave no se puede abastecer a la población. Lo ideal es que sea comida cocinada, que no necesite una preparación excesiva. Abrir y listo.

Lo cuarto es una navaja multiusos porque, como su nombre nos dice, nos sirve para un roto como para un descosido.

Todo esto se tiene que mantener y saber exactamente donde se encuentra en nuestra casa. No vale cambiarlo de sitio cada dos por tres, porque puede que en el momento en el que se necesite no lo encontremos y lo último en lo que tenéis que estar pendiente es en estar buscando estas cosas por toda la casa cuando realmente las necesitéis.

Entramos en la fase del terremoto. Llega sin avisar salvo que tengáis un sismógrafo en casa y os indique las ondas P. Os puede pillar en el sofá viendo una película, escribiendo en el ordenador, jugando a la play o en la cama durmiendo o lo que hagáis en la cama.

Lo malo que tiene también el terremoto es que sabemos el momento en el que empieza, pero no cuando acaba. Puede ser una percepción leve, como si fuese un camión cargado, pasando por la calle, o solo se note porque la lámpara colgada del techo se ha movido. Puede que sea solo un guiño de la luz. Pero en el momento en el que veamos que la cosa dura más de unos segundos, tenemos que actuar.

Unas de las acciones básicas es saber donde protegerse. El lugar ideal es bajo una mesa, donde nos colocaremos de rodillas y nos enrollaremos como un gusano, colocando nuestras manos en la cabeza o cualquier otro elemento que nos pueda proteger, como un libro.

l-1483Si de camino podemos abrir la puerta del lugar donde estamos, mejor que mejor, porque puede que el terremoto mueva el marco de tal modo que no os deje abrirla después.

Si no hay una mesa donde guarecernos, lo mejor es bajo los marcos de puertas situados en los muros maestros, que suelen ser los de las partes centrales del edificio que habitemos, o junto a columnas, ya que estos están construidos para soportar fuertes tensiones, frente a los muros de las partes exteriores. Y nunca situarse junto a una ventana o bajo una lámpara.

Ahora solo hay que esperar a que el meneo vaya parando, que no suba en intensidad y que no nos pase nada a nadie.

La mayoría de las veces no tiene porque pasar nada después del temblor y después de tranquilizarnos podemos volver a la vida normal, revisar si algo se ha caído y volver a poner en su sitio ese jarrón tan feo que te regalaron y que sobrevive a todos los accidentes.

Si tenéis que avisar a alguien para tranquilizarlo, lo ideal es un mensaje, NO llamadas. Solo tenéis que pensar en Nochevieja cuando medio mundo a las doce de la noche trata de felicitar al otro medio mundo, provocando el colapso de las comunicaciones. Un mensaje se puede enviar y este se recibirá en cualquier momento.

Si por desgracia el terremoto ha sido fuerte tenemos que evacuar. Antes de salir de casa hay que apagar las llaves del gas, del agua y de la luz, por lo que es conveniente saber previamente donde está cada una, y recoger los implementos de seguridad que hemos recopilado antes del terremoto, añadiendo un botiquín básico.

Hay que bajar por las escaleras y evitar pasar cerca de cualquier ventanal por el que podamos caer y llegar a una zona de seguridad o una zona abierta donde ningún elemento se nos pueda caer encima en el caso de que se produzca una réplica.

Allí debemos esperar a que las autoridades (policía, bomberos, etc) nos indiquen que hacer. En el caso de heridos, si sabemos lo que hacemos, es nuestra responsabilidad moral ayudarlos en lo posible. En el caso de no saber qué hacer, y salvo que se encuentren en grave peligro, lo mejor es no hacer nada.

Tampoco hay que entrar en edificios con daños estructurales y no volver al edificio si se nos ha olvidado el gato. Lo más probable es que esté a salvo en mejor lugar que nosotros.

Estos son consejos básicos aunque claro que hay muchos más, pero no hay que ser paranoicos. Lo mejor que nos puede pasar es un leve movimiento del terreno, saber lo que es un temblor y sonreír después de unos segundos de tensión. En el peor de los casos, solo esperar que se convierta en una experiencia de la que salir lo mejor parados y siendo una fabulosa historia que contar a nuestro futuros hijos o nietos, donde poder meter a dragones y osos y hasta a algún duende despistado de por medio. Para eso es tu propia historia.

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El placer del surfero

Hace unos pocos días, en el norte de Chile, entre las ciudades de Arica, casi fronteriza con Perú, e Iquique, se ha producido un terremoto de 8,2 y una réplica importante posterior de 7,4, además de varias decenas de más de 5,0. Ambos terremotos se esperaban, sobre todo el grande, donde los sismólogos llevaban anunciando que se produciría desde el que aconteció el 27 de febrero de 2010, que hizo temblar el centro del país, incluida su enorme capital, Santiago.

Entre ambos terremotos ha pasado poco más de cuatro años, tiempo suficiente para que el país y sobre todo sus autoridades supieran actuar con las medidas oportunas para que las desgracias personales no fueran tan dramáticas como en el ocurrido en 2010.

Ya hablé sobre lo preparado que se encuentra Chile frente a estos eventos geológicos que desde siempre han hecho moverse el suelo que pisan de forma ocasional. A veces solo son un movimiento sexy, como bien apuntó una vez un veterano geólogo chileno con el que tengo el gusto de trabajar. El miedo llega con los grandes y que no te pille en una planta alta.

Como diferencia principal entre 2010 y 2014 ha sido los niveles de alerta por tsunami. En 2010, aún con la memoria reciente por el tsunami que arrasó Sumatra en la Navidad de 2004, la red de alerta sísmica del Pacífico se empezó a incrementar a todos los países que comparten sus costas con el mayor océano del planeta, pero en Chile algo fallo.

El terremoto con epicentro cerca de la ciudad Concepción, pilló a muchos chilenos en la cama, otros tantos disfrutando de una noche entre amigos de una madrugada de sábado en las postrimerías del verano austral. Su magnitud fue de 8,8 y Santiago se despertó alterada. El frente de ondas llegó del sur, chocó con la base de la cordillera de los Andes y regresó, produciendo un movimiento circular en el terreno. Largos segundos, eternos. Todo el mundo queriendo que aquello parara. Y paró. Se acabó en tierra. Ahora solo había que saber si los nuestros estaban bien. Evaluar si el jarrón de la suegra al fin se había hecho añicos en el suelo o si los cuadros seguían colgados en la pared.

A unos cientos de kilómetros de allí, otros chilenos no sabían lo que había pasado. Se trataba de los habitantes del Archipiélago de Juan Fernández, donde está la isla de Robinsón Crusoe. Nadie les avisó de que el terremoto había producido un tsunami y que se aproximaba veloz a sus costas y a sus casas. Era de noche y nadie estaba alerta sobre el mar.

Las sirenas no sonaron y una niña, la hija de un carabinero, la policía del Juan_fernandezpaís, alerto tocando una sirena de un megáfono y con esa acción tan pequeña logró salvar la vida de muchos de sus paisanos, pero más de 500 personas no tuvieron la misma suerte y perecieron.

En 2014 las cosas han cambiado. Las sirenas sonaron a lo largo de toda la costa chilena. 5.300 Km desde Arica a Puerto Williams y las islas de Juan Fernández, que hacían un llamamiento a la población para que abandonaran las costas y fueran a lugares elevados. Hasta el parlamento, situado en la ciudad portuaria de Valparaiso, evacuó a todos los diputados que en aquel momento se encontraban en sesión, una de las primeras de la nueva legislatura.

Las cosas se aprendieron bien. La población reaccionó tanto por las medidas como el miedo que supone el recuerdo de lo ya vivido. Solo seis personas murieron, la mayor parte por paros cardiacos.

tsunamiTodo esto me ha servido como introducción para explicar qué es lo que produce un tsunami. Esta palabra viene del japonés y se puede traducir algo así como ola de la bahía o del puerto, aunque también se puede llamar maremoto, nada que ver con la creencia de que un terremoto en el mar es un maremoto. Un terremoto en el mar sigue siendo un terremoto, pero que puede causar un maremoto.

Un tsunami es una ola que no es producida por la acción del viento, que es como se forman normalmente, sino por un evento puntual que provoca un desplazamientos brusco de una gran masa de agua cuya principal causa suele ser un terremoto.

Al producirse el terremoto en un punto cuyo epicentro es corteza oceánica, provoca que la mayor liberación de energía sea en esta zona, con movimiento de las fallas inversas de estas zonas de subducción. Esto hace que la masa de agua que cubre la corteza se desplace con ella, pero no subduzca, lo que provoca un alzamiento de las aguas en un punto determinado que es el punto de inicio del tsunami.

Con terremotos pequeños, hay desplazamientos pequeños y por lo tanto tsunamis pequeños. Pero en este caso la energía descargada fue mayor y la posibilidad de tsunami era real. El primer rasgo para determinar la llegada de un tsunami no es que los animales huyan, sino que el mar se contrae. Las playas aumentan su extensión rápidamente debido al desplazamiento del frente de onda que actúa succionando el agua con mayor ímpetu a medida que se aproxima a zonas donde la profundidad del suelo oceánico es cada vez más pequeña, ya que necesita rellenar el hueco dejado en su aproximación y al existir un menor volumen de agua necesita traerla de zonas más alejadas. Esto es lo que hace que los tsunamis sean tan destructivos, ya que al llegar a un punto donde no hay más agua que tomar, el agua arrastrada por la ola se debe liberar creando un torrente que corre a gran velocidad y con una energía tremenda.

Pero no todos los terremotos localizados en el mar provocan tsunamis. Si el terremoto produce el deslizamiento de una falla transgresiva, como la falla de San Andrés, es probable que no se produzca un tsunami. Pero también no todos los tsunamis son producidos directamente por terremotos. Otros eventos pueden provocarlos, como son derrumbamientos de laderas con gran desplazamiento de material, una erupción explosiva como fue el Krakatoa o Santorini (Mediterraneo) y muy circunstancial la caída de un meteorito en el mar.

Sea cual sea la causa los tsunamis son peligrosos y bien los saben los creadores de la palabra, cuyos puertos se encuentran preparados para estas olas que pueden llegar a ser más devastadoras que Godzilla a su llegada a Tokio. Por lo que si estáis en la costa, se produce un fuerte terremoto, no lo penséis dos veces, corre a zonas elevadas.

El hacedor de terremotos

En unos días se va a jugar la Superbowl, unos de los eventos deportivos del año que arrasa en audiencias en EEUU año tras año con anuncios que desafían el raciocinio sobre lo que un segundo puede costar.

Pero si eso es deporte, ¿este no es un blog de geología? Sí, tenéis razón, pero para una vez que logro juntar mi profesión con una de mis aficiones, el football americano, continuad leyendo.

En la final de este año, la que hace la Superbowl XLVIII (equis-ele-uve-palito-palito-palito o 48ª) se van a enfrentar los Denver Broncos y los Seattle Seahawks, campeones de sus respectivas divisiones (AFC y NFC) en el estadio Metlife de Nueva York o tal vez debería decir New Jersey.

LynchEntre los jugadores que se enfrentaran por el Vince Lombardi (así se llama el trofeo) hay varios jugadores que destacan por cada conjunto, pero del que me interesa hablaros juega para los Seahawks y su nombre es Marshawn Lynch.

Lynch juega en la posición de running-back, la cual es una posición de ataque y habitualmente se sitúa junto al quarterback (este creo que si sabéis quien es) o detrás de él. Su forma de juego puede ser de bloqueo o bien como tomador y corredor del balón, diferente a los receptores (wide-recivers) que corren y les lanzan el balón. Lynch es uno de los mejores jugadores en esta posición y un auténtico terror para las defensas rivales. Su apodo es “Beast mode” (Modo bestia).

Este nombre define plenamente lo sucedido el ocho de enero de 2011 (fecha en EEUU a esa hora) durante los playoffs. Los Seahawks se enfrentaban a los New Orleans Saints en un partido apretado en el marcador. Los Seahawks tenían el balón en la yarda 33 de su propio campo a falta de 3:38 del cuarto final ganando por 34-30. Un touchdown les daría una ventaja casi insalvable para los Saint.

El balón es pasado al quarterback y este se lo entrega a Lynch que hace honor a su nombre. Donde otro hubiera sido parado por la barrera que supone la línea ofensiva y defensiva, doce hombres enormes luchando por proteger al que lleva el balón o placarlo, según la camiseta que se lleve, Lynch sale victorioso y aunque dos hombre tratan de placarlo consigue deshacerse de ellos. Un tercero se lanza a por él, y por un instante parece que ha cumplido su cometido, pero como si el corredor estuviera embadurnado de mantequilla, no consigue derribarlo. Un cuarto hombre está cerca, en circunstancias normales nadie podría escapar a eso, pero en un prodigio de energía, con el brazo que no lleva el balón, Lynch no solo se escapa sino que lo humilla empujándolo varias yardas diciéndole que no, que ese balón era suyo y no se lo iba a dar. Ahora, rodeado de sus compañeros y contrarios (hasta su propio quarterback aparece por allí) corre hacía la línea de anotación. Dos defensas más salen a su paso, pero no son capaces nada más que de rozar sus piernas antes de pegar un salto y anotar un touchdown memorable que certificaría el pase de los Seahawks.

Solo habían pasado 16 segundos y recorrido 67 yardas. El Qwest field (ahora se llama Century link), el ensordecedor estadio de Seattle, era una locura. Tal vez, como otras tantas veces, habían roto el record de decibelios en un estadio abierto. ¿No había nadie midiéndolo? Pero como para no volverse locos. Acababa de producirse la jugada que se ha nombrado como “Beast Quake”.

Y el nombre es perfecto para esta jugada porque es lo que produjo. El estadio repleto, más de 66.000 personas gritando, saltando, dándose abrazos de alegría ante una de las más sobresalientes carreras de la historia de la NFL hicieron retumbar el suelo de Seattle y un sismógrafo del la Red Sísmica del Noroeste del Pacífico (Pacific Northwest Seismic Network) detecto este movimiento.

Como declaró John Vitale, el entonces director del centro, normalmente solo se detecta el movimiento producido por el tráfico rodado por esta zona del centro de la ciudad, junto con explosiones de canteras próximas a Seattle, pero este terremoto-humano era la primera vez que se detectaba.

SismogramaVitale incluso escribió un artículo posterior en el que estudió todos los registros de la temporada 2010 en la que los Seahawks jugaron en casa, detectándose varios picos de intensidad, pero ninguno comparable al del 8 de enero.

Lo realmente bueno de este terremoto, que alcanzó más de 2 grados de magnitud, es como se puede observar perfectamente la secuencia de acontecimientos y la reacción del público mientras están sucediendo. Como el balón es entregado al quarterback (hike), como Lynch rompe cada uno de los placajes contra él, como humilla al rival empujándolo a más de cinco yardas de distancia, como continua hasta el touchdown y lo celebra con sus compañeros, hasta que llega el punto extra, momento en el que el temblor comienza a remitir hasta niveles normales.

Posteriormente se han seguido registrando temblores similares producto de la afición de lo Seahawks, pero ninguno como aquel y esperemos que ninguno tan grande como el que sufren los Gotham Rogues. Aunque ese fue culpa de Bane.

Terremotos y su precaución en construcción.

Hace algo más de una semana, el pasado 31 de marzo, sentía por primera vez un terremoto. Fue un temblor en el centro de Chile a unos 216 Km de Santiago, donde me encontraba. Las sensaciones fueron encontradas. Por una parte excitación por lo que está sucediendo en esos segundos, y que he de confesar que deseaba sentir desde hacía años. Por otro lado, tras unos instantes en los que el movimiento no cesa, de incredulidad al no poder controlar una situación como aquella y no saber qué hacer para no parecer idiota. ¿Me meto debajo de una mesa? ¿Me coloco bajo el marco de una puerta? ¿Salgo de casa y me quedo en la calle?

Por fortuna no pasó nada. No se rompió ningún cristal ni se cayó nada al suelo. Solo se movieron las cosas y un poco de nerviosismo que desaparecía progresivamente. Tras unos minutos supe que el terremoto estaba cuantificado en 7.4 grados según la escala Richter (finalmente fue de 7.1) y de inmediato, como español y geólogo, vino a mi memoria los terremotos de Lorca del año 2011.

En aquella ocasión los temblores fueron muy inferiores al registrado en Chile, con una intensidad de 4.5 y 5.1, pero con un hipocentro muy superficial, a tan solo 2 Km. de la superficie y muy cercano a la villa murciana, lo que multiplicó su efecto destructivo.

Haciendo una comparativa entre ambos sucesos, el saldo que se cobró la tierra fue bastante dispar a uno y otro lado. En Chile, tan solo se contabilizó una víctima mortal, por un ataque al corazón, y tres heridos de poca consideración. En España fueron 9 muertos y 324 heridos. En cuanto a daños, apenas se registraron en el territorio chileno, habiéndose producido más sobre reformas debidas a los daños del terremoto del 27 de febrero de 2010 (8.5 grados) que sobre construcciones anteriores. En Lorca tan solo colapsó una vivienda durante el segundo temblor y algunos edificios históricos, aunque la caída de escombros (causantes de las muertes) fue intensa y las evaluaciones posteriores obligaron al derribo de muchas viviendas dañadas estructuralmente.

Si bien se trata de dos países bien diferentes, hay aspectos que resultan necesarios explicar. Chile es un país nacido y criado con los terremotos. Los chilenos ven con sorpresa que uno no haya vivido nunca un terremoto con anterioridad y sienten con naturalidad que la tierra se mueva “como siempre”. Las edificaciones han tenido un proceso evolutivo natural a la lógica. Desde que los españoles llegamos a estas tierras, son muchas las veces documentadas en las que han tenido que volver a construir ciudades después de fuertes temblores y que otra se abandonaran,  y los conocimientos científicos propiciaron la construcción segura frente a estos impredecibles movimientos, con zapatas de hasta dos metros en edificios de poca altura, algo muy exagerado, pero preventivo ante el desconocimiento. La ley de construcción frente a riesgos sísmicos es ejemplar y cumplida a rajatabla por las constructoras, que encargan concienzudos estudios del terreno para levantar edificios de grandes alturas, algo que sorprende al pasar por las zonas más desarrolladas de la ciudad, con moles de más de 20 plantas y con su punto culminante en la torre Santiago, el edifico más alto construido en Latinoamérica con más de 300 m de altura.

Si bien España no tiene una historia sísmica tan importante a la chilena, si existe un registro histórico que atestigua sobre terremotos de importante intensidad. Tal vez el más popular es el terremoto de Lisboa de 1755, y su posterior tsunami, del que existe un registro visible en España con un ejemplo claro en Coria (Cáceres) tanto en su catedral, con grietas desde su base hasta la parte superior del edificio, como en el traslado del cauce del rio Alagón unos cuantos metros al sur.

El plano de riesgos sísmicos español está anticuado y a pesar de las diferentes veces que se ha indicado por parte de los geólogos  no parece que exista mucho movimiento respecto a este aspecto tan importante a la hora de construir un edificio. Por otro lado, la normativa actual de construcción estima oportuna la obligatoriedad de realización de estudios geotécnicos para la construcción de cualquier tipo de edificio, incluida esta regulación dentro del Código Técnico de la Edificación (CTE), pero que no parecieron ser muy utilizados a todas luces de lo ocurrido en Lorca, donde la mayor parte de los edificios de nueva construcción (posteriores a 2003) se vieron mucho más afectados que los antiguos. Desconozco si en parte puede estar relacionado por la geología particular de la zona (donde se asienten uno u otro edificio), pero hace pensar en diferentes responsables de lo ocurrido y una celeridad precipitada en la construcción

Como ejemplo, en Chile, por la caída de un falso techo en un centro comercial, se impusieron sanciones. En España no se impusieron ningún tipo de sanción ni existen reformas adecuadas en este sentido. Incluso ahora no es necesario realizar el visado de los estudios geotécnicos, con la consecuente pillería que esto puede llevar y la pérdida de calidad en este tipo de servicios.

Son dos países bien distintos, con condiciones de vida diferentes y a los que se puede calificar como más o menos desarrollados, con más o menos energía para trabajar en determinados asuntos, pero que en temas sensibles, como es la construcción de viviendas seguras, vienen a tener planteamientos diferentes y seriedades algo contrapuestas que tal vez deban ser revisadas.