El vulcanismo helado, pero no de chocolate

En geología está todo inventado. Ya tenemos la tectónica, la paleontología, la sedimentología, la hidrogeología, pero, en un pequeño espacio en el universo (o varios) una leve perturbación en la fuerza de la geología está haciendo que los geólogos empiecen a sufrir cefaleas, sufran erupciones cutáneas y empiecen a gritar como poseídos la escala de Mohs desde el diamante al talco. Algunos, en los peores casos, dicen convencidos que los terremotos se miden en grados.

Bueno, en realidad esto no pasa, pero es un buen gancho para explicar un fenómeno geológico que no se da en la Tierra: el criovulcanismo.

Es fácil de entender de qué va todo esto. Por un lado tenemos el vulcanismo que todo sabemos reconocer, el fenómeno que produce la salida de magma del interior de un cuerpo por ascenso hasta la superficie. Por el otro tenemos el prefijo crio-, que con unos mínimos de conocimientos de griego sabemos que significa frio. Entonces ya está, es un vulcanismo frio, pero ojo, esto es real, no como ese invento de la fusión fría.

Para saber la primera vez que este fenómeno se observó debemos viajar en el tiempo hasta el año 1989. En ese año se produjo la caída del muro de Berlín, pero además una sonda lanzada 12 años antes, la Voyager 2, se acercó a Neptuno, el que por entonces se consideraba como penúltimo planeta en el Sistema Solar hasta la degradación de Plutón.

Durante su paso la sonda fotografió y envió información sobre el planeta y su sistema de satélites y para sorpresa de los científicos su mayor satélite, Tritón, mostraba una superficie sin apenas cráteres y con penachos de material saliendo de distintos puntos, como erupciones volcánicas. La falta de impactos en la superficie ya era un indicativo de que debía existir una actividad geológica activa capaz de regenerar la superficie, pero un vulcanismo activo no estaba presente en los pensamientos más optimistas dado que se trata de uno de los cuerpos más fríos del sistema solar (-235 ºC o 38 K).

Entonces, ¿qué ocurría allí?

En estas erupciones no se expulsaba roca fundida en forma de lava, sino que eran compuestos de metano y nitrógeno lo que salía, ambas siendo unas moléculas que a las temperaturas que se encuentra Tritón pueden estar en estado sólido, pero con un poco más de temperatura en el interior del cuerpo (apenas 30 ºC más) podrían encontrase en estado líquido.

El proceso, si bien llamado de forma diferente al vulcanismo en sentido estricto, tiene componentes similares al jugar con diferencias de temperatura entre el interior y el exterior del cuerpo. Al encontrar el criovulcanismo en zonas externas del sistema solar (desde el cinturón de asteroide y más allá) otros compuestos que parecían impensables empiezan a formar parte de un sistema criovolcánico.

En las zonas más externa nos encontraremos con nitrógeno, tal y como se ha indicado para Tritón, pero también se especula para Plutón y otros satélites de Urano.

En la parte más interior, es decir, el cinturón de asteroides, el sistema de Júpiter y el sistema de Saturno, el que ejerce como compuesto más importante es el agua.

Para explicarlo debemos fijarnos en Encélado, el satélite de Saturno que sorprendió al mundo cuando las imágenes de la NASA provenientes de la sonda Cassini mostraron que en su polo sur surgían una serie de chorros (jets en inglés) que salían despedidos al espacio. Estos se encuentran formados principalmente por agua y son los responsables de la formación de uno de los famosos anillos de Saturno (en concreto el E).

¿Pero el agua, a esas temperaturas tan bajas, debería estar formando hielo? Sí, pero hay un truco que todos conocemos y es la presencia de sales. Cuando llega el invierno y tratamos de evitar la formación de hielo en las carreteras o las aceras se lanza sal (cloruro sódico) lo que hace que la temperatura de fusión del agua disminuya unos grados. En Encélado ocurre lo mismo. El agua bajo la superficie, en forma de océano o reservorio, está cargada con sales que permiten que esta agua se encuentre líquido a temperaturas muy bajas, formando una especie de manto bajo la corteza superficial de hielo.

Otros ejemplos muy claros los tenemos en Europa (satélite de Júpiter) y Ceres, el mayor cuerpo del cinturón de asteroides (en realidad un planeta enano) que presenta aspectos muy particulares. Aunque esto puede que os lo cuente otro día.

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