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Mimas, el satélite que quería ser estrella (de cine)

La exploración espacial siempre me ha fascinado y en las dos últimas décadas vive sus años dorados después de que se abandonara la idea sobre la colonización espacial tras la finalización del programa Apolo. Sondas, robots, satélites artificiales, han proporcionado información de nuestro espacio cercano, con misiones que han visitado los planetas rocosos, con hincapié en Marte, y con sondas que han viajado más allá de los confines del sistema (Voyager 1 y 2), otras que nos ha permitido descubrir los secretos de los gigantes gaseosos (Galileo para Jupiter y Cassini para Saturno), sin olvidarme de mi añorado Plutón, que al fin este año será visitado por la New Horizont.

imagesDe todos los datos proporcionados en la exploración espacial son las imágenes las que más llegan a la población y a nuestros corazones. La aparición de la Tierra tras la Luna, la primera imagen de la curvatura de la Tierra, la gran canica azul en la que vivimos miles de millones de personas, pero sobre todas ellas, que dan magnitud a nuestra pequeña representación en la roca en la que nos movemos, las imágenes proporcionadas por la Voyager y el pequeño grano de polvo cósmico, reducido a un punto azul, y la poderosa prosa de Carl Sagan. Las imágenes de un Marte rojo y desértico, la visión de la tormenta que azota Júpiter y que da su característico punto rojizo o ver de cerca los anillos de Saturno. Tal vez los sorprendentes puntos brillantes en la superficie del planeta enano Ceres, nos envuelven sobre lo maravilloso y aterrador que existe a nuestro alrededor.

En ese espacio que parece infinito, la ciencia ficción ha sabido utilizar una poderosa arma con la que contar historias. A veces son viajes a la Luna, vidas en alguna luna de Júpiter, un espía en Marte o toda una cultura en una galaxia muy, muy lejana.

índiceCuando George Lucas escribió su trilogía original, nadie esperaba en que podía convertirse en el futuro. A buen seguro ni siquiera el propio Lucas podía esperar la acogida de su primera película de “La guerra de las galaxias”, todo un hito cultural que cambió la forma de hacer películas, de cómo verlas y revolucionó el arte de los efectos especiales.

La película está llena de personajes carismáticos, que son reconocibles sin ni siquiera haber visto una secuencia, y elementos impactantes, como el inicio fulgurante de una nave persiguiendo a otra (casi pasando por encima de los espectadores en una sala de cine) o el halcón milenario. Pero sobre todos, La estrella de la muerte.

Lucas no creo que fuera consciente de la existencia de Mimas cuando redactó el guión. Puede que supiera que había lunas además de la de nuestro planeta, pero de lo que realmente se puede estar seguro, es que no sabía cuánto se parecían Mimas y La estrella de la muerte.

Mimas es el satélite más pequeño de los satélites mayores que giran alrededor deMimas-Saturn-1024x837 Saturno. Descubierto en octubre de 1789, William Herchell, su descubridor, no supo apreciar como una parte de sus superficie estaba formada por un inmenso cráter, descubierto en 1980, que lleva su nombre.

Este cráter es lo que da la similitud máxima con la ficticia estrella de la muerte, coincidiendo casi en sus dimensiones (400 km por 375 supuestos). Este cráter fue generado por un impacto a gran velocidad, que estuvo a punto de desgajar al cuerpo, produciendo fracturas que son visibles en el hemisferio opuesto. La altura de las paredes exteriores alcanza los 5 km mientras que en el centro del impacto se eleva una montaña de 6 km.

Este no es el único cráter en la superficie, sino el más importante. Mimas es el cuerpo conocido con más impactos en su superficie, no existiendo casi superficie virgen. Pero a pesar de su aspecto gris y rocoso, lo cierto es que este satélite que gira alrededor de Saturno a unos 185.000 km de su superficie, está formado por hielo y su actividad geológica es nula, aunque parece ser que sí que tuvo cierta actividad en sus etapas iniciales.

Mimas tal vez no sea el satélite que plantee más interés científico de los que orbitan alrededor del gigante gaseoso. Tal vez no sea interesante para los geólogos, porque salvo que te gusten los glaciares o un buen whisky, el hielo sigue siendo hielo, pero su imagen diferente lo hace especial. Una rareza esférica que consiguió sobrevivir. Y sin puntos débiles.

Que la fuerza te acompañe (may the force be with you)

Cráteres: deseos sin pedir

Hace unas semanas, una amiga ha estado por las Vegas en una boda. No, ella no se casaba, por si os interesa el cotilleo, pero ya que ha podido ir unos días a la ciudad del pecado y donde todo queda allí pase lo que pase, aprovechó para acercarse hasta el vecino estado de Arizona, nombre más que apropiado para esta zona desértica del oeste de EEUU.

Cráter¿Cuál puede ser la razón para ir hasta este lugar? Simplemente porque allí existe uno de los cráteres de impacto más bonitos del planeta y sin duda uno de los más visibles por la falta de vegetación.

Los cráteres no son algo nuevo. Casi todos los días es posible ver unos cuantos, no en el suelo que pisamos en nuestro día a día, sino levantando la vista por la noche y mirando a la Luna. Nuestro satélite muestra como estos eventos del billar espacial pueden modificar la superficie de un cuerpo rocoso a lo largo de millones de años y también demuestra como nuestro planeta se encuentra mucho más vivo de lo que pensamos borrando estas huellas periódicas.

Un cráter de impacto se produce cuando en sus órbitas un meteorito y un planeta, un satélite o un planeta enano (Plutón, te queremos) acaban coincidiendo en un instante específico. En ese momento el cuerpo con más masa atrae al de menos, que casi irremediablemente se ve arrastrado a darle un intenso beso a su superficie.

Los meteoritos suelen viajar a grandes velocidades por lo que al entrar en lameteor_geologic atmósfera de un planeta, por ejemplo, conserva una energía cinética muy alta, la cual está controlada por dos factores que son la velocidad ya referida y la masa. Al ser dos componentes que se multiplican, a más masa y más velocidad, mayor energía cinética.

La atmosfera, como la de la Tierra o la de Venus, actúa como una especie de filtro. La mayor parte de los cuerpos son de masa pequeña, indetectables para los sistemas actuales, y el rozamiento con el aire hace que acaben desintegrados antes de alcanzar la superficie, y dejen solo estelas en el cielo con un estallido brillante. Cuando la masa es mayor, la atmósfera no es suficiente para evitar el impacto. ¡Cuerpo a tierra!

La energía cinética se ve reducida tras atravesar la atmosfera, al reducir la velocidad, pero aún así llega a ser muy alta y al impactar contra el terreno esta se libera completamente, ya que es como encontrarse con un muro de hormigón que la frena bruscamente.

El impacto produce un aumento de la presión sobre el material del planeta, además de una onda de choque. Estas presiones llegan a ser tan altas como las existentes en las capas internas del cuerpo planetario produciendo un metamorfismo de alta presión a los minerales y rocas presentes en el punto de impacto. Además, en condiciones favorables, puede producirse un cierto fundido del material, tanto del impactado como del elemento impactante, pero lo habitual es que el meteorito acabe volatilizándose por completo.

Tras esta primera fase le continúa la excavación del cráter. Esto se debe principalmente a la onda de choque que tras la fase de compresión le viene una fase distensiva. Bien conocidas son las leyes de Newton, donde una de sus postulaciones establece que toda acción ejercida sobre un cuerpo tendrá como respuesta una igual y de sentido contrario. Esto provoca que buena parte del material comprimido sea expulsado al exterior, produciendo la formación del cráter, que habitualmente tiene forma circular (salvo que el impacto se produzca en bajo ángulo, produciendo una forma elíptica) con un relación de profundidad de 1/3 con respecto al diámetro.

El material expulsado se elevará y tenderá a caer en los bordes del cráter recién creado, pero parte del material expelido quedará flotando en la atmósfera y podrá verse transportado grandes distancias, como ocurrió con el meteorito que cayó hace 66 m.a. y que dejó marcado el límite K-T, e incluso puede verse expulsado al espacio, convirtiéndose en nuevos meteoritos que pueden caer en otros cuerpos celestes, como las rocas de procedencia marciana encontradas en la Antártida y que dieron pie a la suposición de posible restos fósiles en Marte.

La tercera fase es la de colapso de los bordes, donde el material expulsado vuelve a caer al interior del cráter en forma de brechas, rellenando el hueco dejado por el impacto. Esto suele producirse en los cráteres más pequeños, pero en los mayores pueden darse dos tipos de morfologías.

MimasLa primera es simple, con forma cóncava y una distribución radial. La segunda es algo mayor que la primera, donde la fuerza del impacto es tan alta que se produce una elevación en el centro del cráter, cuyo mejor ejemplo es el gran cráter existente en Mimas, un satélite de Saturno, dándole una imagen similar a la de la Estrella de la Muerte del Imperio galáctico (te queremos Dart Vader), y que estuvo a punto de destruir el cuerpo rocoso.

Volverán a caer meteoritos. Todos los días acaban en el planeta cerca de 10.000 toneladas de material que engordan nuestro planeta y es posible que por la noche seamos capaces de ver alguna estrella fugaz que nos lo recuerde. Puede que volvamos a ver grandes rocas caer del cielo y que tengamos la fortuna, en nuestra corta vida en el planeta, de ver la creación de algún nuevo cráter, pero eso sí, cuanto más lejos de casa, mejor. Ya habrá tiempo para hacer una visita cuando todo se calme.

 “Esta publicación participa en el X Carnaval de Geología alojado por Biblioteca de Investigaciones